jueves, 5 de mayo de 2016

PRIMERA PROCESIÓN DE LAS CUATRO PRIMERAS CUADRILLAS DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

 

Hacia 1619, según informa al rey el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero, las cofradías de negros en Lima eran las de Nuestra Señora de los Reyes en San Francisco, de Nuestra Señora del Rosario en Santo Domingo, de Nuestra Señora de Guadalupe en San Agustín, de El Salvador en San Pablo, de Nuestra Señora de Agua Santa y de Nuestra Señora de Loreto en La Merced. Por su parte, los mulatos se agruparon en las cofradías de Nuestra Señora del Rosario de Santo Domingo, de San Juan Bautista en Santa Ana y en la de San Juan de Buenaventura en San Francisco. Además, existían seis cofradías mixtas: San Antón y Nuestra Señora de los Remedios en San Marcelo; Nuestra Señora de la Antigua en la Catedral, Nuestra Señora de la Victoria en San Sebastián, Santa Justa y Santa Rufina en la Merced y San Bartolomé en Santa Ana.

 

Las cofradías se convirtieron en un medio privilegiado para la evangelización y la ayuda mutua; se convirtió, además, en un recurso frente al abandono de parte de los dueños y a la soledad de la esclavitud. Su creciente desarrollo les llevó a crear "corrales" donde se reunían para sus danzas y ceremonias, en las que "expresaban el rechazo de la sociedad esclavista y la búsqueda de un marco propio, lugar de olvido de la servidumbre, de liberación de los impulsos reprimidos, pero también de estructuración de una nueva personalidad".

 

En todo caso, si a algunos indígenas o grupos de negros que todavía guardaban alguna reminiscencia de las antiguas creencias y prácticas (no debe olvidarse que había pasado ya más de un siglo de la destrucción del centro cultual de Pachacámac) podía caerles bien la evocación del antiguo culto que suscitaba en ellos el nuevo culto al Cristo de Pachacamilla, no demuestra sino la bondad insuperable de la fe cristiana, que sabe interpretar y asumir las más profundas inquietudes y aspiraciones del corazón humano (el sentido de la propia fragilidad y el propio límite, la intuición de la existencia de un ser superior y trascendente, la aspiración a superar la barrera de la muerte, la creencia en un vida en el más allá, etc.) esa "semina Verbi" ("semillas del Verbo") que se encuentran en toda etnia, a la espera del encuentro con la revelación plena de Aquel que San Pablo define como al "Primogénito de toda la creación". El Padre Manuel M. Marzal observó muy oportunamente que "no debe confundirse la persistencia funcional (el Señor de los Milagros protege de los movimientos sísmicos como antes lo hizo Pachacámac) con la identidad personal, pues ningún devoto del Cristo Morado hace la menor referencia a Pachacámac

 

Los llamados "negros angolas", por el año de 1650, decidieron agremiarse y constituir "la cofradía en la zona de Pachacamilla", lugar que había sido habitado por los indios de Pachacamac y en la que se ubica, hasta la actualidad, el monasterio de las Nazarenas así como el local de la Hermandad del Señor de los Milagros.  Levantaron una tosca ramada para sus reuniones. Por aquella fecha, los afroperuanos representaban en número el 50% de la población, aunque, social y culturalmente estaban marginados, cuando no excluidos, reduciendo sus expresiones culturales a lo mínimo: el canto, la danza, la oración. Para presidir sus encuentros mandaron pintar una imagen del Cristo Crucificado sobre una de las paredes de adobe. Alguien con alma de artista (¿un esclavo negro?, ¿u, devote doctrinero?) plasmó en la pared esa sagrada imagen. Poco después se contrató a un "primoroso pintor", José de la Parra, para que la mejorase.

 

Venerada tan sólo por los concurrentes a las reuniones del barrio, permaneció expuesta a la intemperie de soles y garúas. El 13 de noviembre de 1655 un violento terremoto sacudió los cimientos de la ciudad, y muchos de los edificios se vinieron abajo, incluyendo las casas vecinas del muro donde se veneraba el Cristo: tan sólo la pared pintada con la imagen del Crucificado permaneció en pie. Un testigo presencial de los hechos nos lo refiere del siguiente modo en la "Relación del Terremoto que arruinó a Lima en 13 de noviembre de 1655":

 

Las paredes más robustas se mecían y doblegaban como si fuesen débiles juncos al soplo de los vientos; las cruces más firmes en las peanas al repetido vaivén desmintieron de la fijeza de sus lugares; las campanas y esquilones se doblaban en desordenado clamor; la tierra, en parte rajada, se abría en grietas y terribles bocas Tuvo, al parecer, este terremoto su origen y nacimiento del presidio del Callao, por la parte que mira al poniente, porque de su espaciosa isla fue mayor el combate y se reparó que, cayendo de lo alto desmedidos peñascos, se deshacían con estruendo al precipitarse en el mar. Arruinóse del todo la Iglesia de nuestro Colegio del Callao, hermoso y recién acabado templo de cal y canto, pereciendo únicamente en las ruinas un hermano donado que hacía a la sazón la señal de la plegaria.

 En Lima combatió de suerte la iglesia del glorioso San Francisco que dentro de breves días se vino toda al suelo, entre las doce y la una del día, sin oprimir a persona alguna; muchos edificios de la ciudad padecieron igual ruina y los más flaquearon de suerte que fue menester el prevenirles reparo. La ciudad, al fin, padeció irreparables daños y, como dieron en repetirse por muchos días los vaivenes y estremecimientos de la tierra, sin pasarse sin sobresaltos muchas horas, asustados y con razón temerosos los vecinos huyeron de vivir a sombra de tejado ni en el resguardo y seguridad de sus casas. Muchos se retiraron a sus huertas y quintas; no pocos pasaban en sus patios las noches; los más así en la plaza mayor como en las plazoletas de la ciudad armaron sus pabellones y tiendas de campaña, repartidas las familias en varios alojamientos; algunos escogieron por más seguro lugar los burgos y arrabales por donde tiene la ciudad sus salidas al campo".

El jesuita Padre Francisco del Castillo salió del Colegio de San Pablo exhortando a todos al arrepentimiento La misma tarde del temblor prestó auxilio a los necesitados y, al pasar por la Catedral, la gente comenzó a seguirle. Así, al día siguiente, 14 de noviembre del 1655, como continuaban los temblores, se condujo en procesión la imagen de Cristo crucificado de la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados desde allí hasta la Catedral, acompañada por más de 10 mil personas. Las noticias de hechos milagrosos atribuidos a la imagen atrajo el interés del público que empezó a hablar de ella como de 'El Señor de los Milagros'.

En las primeras procesiones no hubo Cuadrillas, cargaban Las Andas los feligreses vecinos predominando entre ellos los devotos de color de la zona de Pachacamilla y en algunos tramos los Cabildantes al iniciar el recorrido y retornar al Santuario. La salida del Señor de los Milagros estaba a cargo del Mayordomo o Síndico del Monasterio, en coordinación con las religiosas y el Capellán.

El 28 de Octubre de 1746 se produjo un destructor terremoto y maremoto que afectó Lima y Callao, pereciendo miles de personas a causa de los desplomes de torres de Iglesias ,paredes, balcones o bajo los escombros de sus casas, este sismo afectó la Iglesia y Monasterio de Nazarenas, solo el Mural del Cristo de los Milagros permaneció intacto. Hacia el año 1760 se comienzan a organizar los devotos cotizantes , toda vez que la procesión la costeaba el Mayordomo o Síndico del Monasterio y las limosnas recaudadas en esos días se aplicaban para dicho fin

 Por Bula Pontifical del 5 de abril de 1766, S.S. Clemente XIII concedió al Monasterio la facultad de establecer una Cofradía en honor del Santo Cristo de los Milagros, que después de infinidad de trámites hasta el 15 de febrero de 1814 no se llegó a formar.

La obra de reconstrucción por ser tan grande recién se inicia a comienzos del año 1766 . El Virrey Manuel Amat y Juniet  comprobó los cuantiosos daños de la Iglesia  de Las Nazarenas y los no tan graves del Monasterio, determinando la construcción de una nueva Iglesia a fin de honrar a la bendita imagen del Señor de los Milagros, para ello se puso de acuerdo con la Madre Priora Grimanesa Josefa de Santo Toribio  y con la Benefactora Doña María Fernández de Córdova y Sande programándose una Procesión Extraordinaria con la finalidad de solicitar auxilio económico de todo el pueblo de Lima para construir la nueva Iglesia de Las Nazarenas.

Pontificaba la Iglesia el Papa SS Clemente XIII y pastoreaba la arquidiócesis de Lima Monseñor Diego Antonio de Parada, como Madre Priora de las Carmelitas figuraba Sor Grimanesa Josefa de Santo Toribio, el Síndico del Monasterio  era el Capitán Juan de la Roca, como Virrey del Perú se encontraba Don Manuel Amat y Juniet. Por aquel entonces, los más organizados de los cotizantes que acompañaban las procesiones con sus hábitos morados, contando con el apoyo del Virrey y la anuencia del Monasterio, del Síndico y del Capellán, formaron las Primeras Cuadrillas y en la tarde del día sábado 3 de Mayo de 1766  día en que se festeja la fiesta de la Exaltación de la Cruz, salieron portando a hombros las Andas del Señor de los Milagros. El material de las Andas era de madera, el número de los cargadores era de ocho e iban vestidos con pantalones blancos, anchas fajas en la cintura, sacos oscuros, alpargatas y parece que las capas –según R. Banchero- tenían mayor amplitud y vuelo que las actuals.

La Procesión con las primeras cuatro cuadrillas llegó hasta la Iglesia de los Desamparados. Al día siguiente, domingo 4 las Andas se colocaron en la puerta del templo y en la Plazuela de Desamparados se instalaron mesas petitorias. Lima respondió con generosidad, pues ofrendaron sus óbolos personas de toda edad, clase social, sexo y condición económica,  reuniendo ese mismo día en monedas de oro y plata y en materiales para las obras una cantidad superior a los 10,500 pesos. El lunes 5 en horas de la tarde, las Andas regresaron procesionalmente a la Iglesia de las Nazarenas donde fueron recibidos con extraordinario júbilo por las religiosas, R. M. Priora Grimanesa Josefa de Santo Toribio, la Benefactora, el Capellán y el Síndico Juan de la Roca, siendo Arzobispo Diego Antonio Parada.

Los trabajos se iniciaron de inmediato, demoliendo la Iglesia reedificada por Sebastián  de Antuñano, para levantar cinco años más tarde el nuevo Templo del Señor de los Milagros 21 de enero de 1771.

A la fecha, la primera cuadrilla conserva el alto honor de sacar siempre al Señor en cada procesión.

El actual estatuto de la Hermandad fue aprobado por el Arzobispado de Lima el 11 de mayo de 2005, y fue modificado el 26 de noviembre del 2009 - es el documento fundamental de la institución, porque en él se fija los fines y objetivos de la hermandad, marcándose los lineamientos generales de nuestra organización. Cuenta además con un Reglamento de 496 artículos aprobado el 28 de junio del 2010. En los mismos documentos, la Hermandad se define como  asociación religiosa sin fines de lucro, apolítica, al cuidado del Arzobispado de Lima

Este 3 de mayo del 2016, después de 250 años, se han congregado en la Catedral de Lima para agradecer, celebrar y comprometerse nuevamente con el Señor en la Santa Misa, presidida por el Cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima. En su emotiva homilía alentó a los cofrades y hermanos a contemplar "como con un espejo viendo nuestras vidas, nuestras familias, nuestra hermandad, nuestras cuadrillas, nuestros hijos. Mirando todo eso, como un espejo delante del Señor de los Milagros", instándoles a que renueven su promesa con el Señor y que sigan manteniendo fuerte esta fe popular.

José Antonio Benito

 https://www.youtube.com/watch?v=iO7IPmXoLTo

https://www.facebook.com/museodelsenordelosmilagros/?pnref=story

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miércoles, 4 de mayo de 2016

ET VERBUM CARO FACTUM EST. ANTE POSIBLES REPAROS DE EL TÍTULO “LA MADERA HECHA DIOS”

ET  VERBUM  CARO  FACTUM  EST. ANTE POSIBLES REPAROS DE EL TÍTULO "LA MADERA HECHA DIOS"

P. Donato Jiménez Sanz, OAR

 

No dista mucho de esta afirmación el título del libro La madera hecha Dios: "Et Verbum materia (de donde viene madera) factum est". No me parece nada grave el título de la obra para referirse a una antología artística de este tipo. Aunque tampoco es de extrañar que a algunos les resulte un tanto duro a sus oídos. Unir hipostáticamente los estados divino y humano,  siempre ha resultado escandaloso. Ya lo nósticos rechazaban la idea del Dios Creador absoluto "de cielo y tierra", y por eso aceptaron tan fácilmente la idea del demiurgo como creador del mundo, o sea, de la materia, para ellos esencialmente mala. Pero esas sectas nósticas todas fueron condenadas como anticristianas.

 

La idea de la Encarnación tuvo hasta bien entrado el cristianismo, sus poderosas fuerzas de rechazo. Y era explicable, desde sus presupuestos.  Se dieron explicaciones parciales para todos los gustos, como sabes. Y en países de Occidente hubo épocas de cristiandad (con sus obispos), casi mitad católica, mitad arriana. 

 

El Catolicismo tuvo que insistir en esa fórmula hecha resonante antífona  "O admirabile commercium", (tan repetida en el tiempo de Navidad), para indicar el "trueque admirable" que supo hacer Dios, que siendo Dios, se hizo Hombre para que el hombre se hiciera Dios. Y en  S. Agustín encontraremos frases tan geniales como atrevidas y verdaderas. Y como quien resume todo, nos dice así: que "no somos dioses, pero somos divinos". La permanente paradoja cristiana entre nuestro estado pasible (lo temporal, la cruz…), y nuestro  estado glorioso. Y no solo EN EL cristiano hay que verlo así, sino EN LO cristiano. S. Agustín lo dijo tan bellamente: "Iam spem, sed nondum rem": O ya poseemos en prenda lo que poseeremos en plenitud.

 

Y los artistas fueron poco a poco tratando de representar el dogma, por difícil que resultase a la inteligencia. Pero sobre ella, debe estar la autoridad de la Fe que es Luz para la propia inteligencia. Y así, ir venciendo todos los reparos de tipo antropomórfico que nuestras razones  pudieran oponer. Naturalmente que hay que acertar a guardar el equilibrio. Y ahí estivo y estará siempre el Magisterio de la Iglesia. 

 

Ya los latinos valoraban más el trabajo hecho, el arte, la inspiración, el  "impetus sacer" que bulle en pecho y mente del artista, que el material, pobre  o  noble en el que se refleja la obra. Y lo decían así: "materiam superat opus", que es decir: la obra supera con mucho al elemento material. 

 

Y los místicos seguían insistiendo: "Que si en un árbol se hizo  /  a Dios una tal ofensa,  /  se hizo en otro árbol también  /  la redención más suprema".  Y el mismo Góngora, aquí tan trasparente, pensando en la oveja perdida,   –el pecador extraviado y famélico–   pone en boca del Buen Pastor esta maravilla: 

 

Por descubrirte mejor,

            cuando balabas perdida,

            dejé en un árbol la vida,

            donde me subió el amor;

            si prenda quieres, mayor,

             mis obras hoy te la den.

            Oveja perdida, ven

            sobre mis hombros, que hoy

            no solo tu Pastor soy,

            sino tu pasto también.

 

Y S. Juan de la Cruz, el serafín de los místicos, se expresa como puede: "que me quedé balbuciendo   /  toda ciencia trascendiendo":

 

Porque en todo semejante

él a ellos se faría

y se vendría con ellos,

y con ellos moraría;

y que Dios sería hombre,

y que el hombre Dios sería,

y trataría con ellos,

comería y bebería;

y con ellos de contino

él mismo se quedaría…

 

Y no acabaríamos.

 

Dalí ya había construido en 1969 el "Cristo de los Desechos", compuesto de hierro oxidado, tablas, ramas, tejas y piedras ("desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano", Is 52  14). Fue colocado horizontalmente sobre la tierra en forma desmañada, en una finca con árboles, a la intemperie, como en viviente y sucesivo proceso de deterioro por los pecados del mundo: De tal manera que, como especie de Cristo interactivo    –de Dalí cualquier cosa se podía esperar, –    hay que refaccionarlo cada cierto tiempo, necesita ser reconstruido, un "como hacerlo de nuevo", por el sincero arrepentimiento de los hombres.

 

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martes, 3 de mayo de 2016

Utopía vitoriana y realidad indiana. Tesis doctoral de Lourdes Redondo

Redondo Redondo, María Lourdes (2002) Utopía vitoriana y realidad indiana. [Tesis Doctoral]

FUE, Madrid, 1992

URL Oficial: http://eprints.ucm.es/tesis/19911996/H/2/AH2008601.pdf

TEXTO COMPLETO

Resumen

La tesis que se pretende demostrar es que la solución de F. De Vitoria a los problemas suscitados tras el descubrimiento de América en la realidad indiana es una utopía realizable y esto por ser una solución armónica, en línea aristotélica y tomista. Por "utopía vitoriana" se entiende no solo la solución de Vitoria, sino también la de la escuela de Salamanca por la fundada. Por "realidad indiana" entendemos, fundamentalmente, la realidad de México y Perú en el s. XVI. La "utopia" consiste en una defensa de los derechos del indio, de los pueblos indianos, y de los derechos y deberes del hombre, en general, como miembro de la comunidad internacional. Sobre la base de ellos se hace legítima o ilegitima la intervención de España en América. Se considera utópico este pensamiento por su carácter transformador de la sociedad, y realizable porque parte de la realidad y se proyecta en ella. Para demostrarlo, la tesis consta de tres partes: 1a: punto de partida: la realidad indiana (fuentes); 2a: exposición de la utopía vitoriana; 3a: proyección.

La autora considera al P. José de Acosta como "el mejor ejemplo del ideal vitoriano llevado a la práctica y de la con conjunción, perfectamente armónica entre utopía y realidad. Él está convencido de que la educación y no la naturaleza es el principal obstáculo a la penetración del Evangelio. En su obra "Historia Natural y Moral de las Indias" elabora una filosofía y teología de la historia. Pretende que, a través de ella, los hombres alaben a Dios y ayuden a los indios "a conseguir y permanecer en la gracia de la alta vocación del Santo Evangelio al que se dignó en el fin de los siglos traer gente tan ciega el que alumbra desde los montes altísimos de su eternidad" como dice en la dedicatoria de la obra a la infanta Isabel Clara Eugenia (BAE, 73, 74)  Viene a ser una introducción a su obra cumbre "De procuranda indorum salute" que termina en 1582, donde aboga por las posibilidades de la promoción humana y espiritual de los indios. A diferencia de la idealización lascasiana, destaca sus bellezas naturales y virtudes humanas pero sin ocultar sus defectos, aunque los disculpe; como causas de su barbarie anota la ignorancia y la incultura, por lo que para progresar y convertirse necesitan educación.

Los misioneros van obteniendo resultados en la promoción moral, social y religiosa de los indios (DPIS, I, c.XV-XVIII, libro VI).

El respeto a las lenguas y costumbres indianas favoreció la predicación. Luis López de Solís afirma: "Y así, gloria a Dios Nuestro Señor, tengo el día de hoy tantas lenguas que predican a los indios, que me consuela ver el fruto que se hace. Porque los indios, como gente hambrienta, acuden mejor que los españoles" (CHP, 27, 387).

La evangelización pacífica se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XVI de las ordenanzas de 1573 que prohibían las conquistas. Estará muy unida a la reducción a poblaciones. La llevan a cabo los misioneros quienes se pronuncian por prescindir de todo tipo de escolta armada que les pudiera servir de defensa. Otros como Acosta aceptan la presencia de hombres armados por razones de seguridad; pero, en general, prefieren prescindir de la "escolta" y si recurrieron a ella fue por prudencia, en función del espíritu de sacrificio de los misioneros y de la peligrosidad de los indios. Hay que constatar la intensa y múltiple actividad a favor de los indios:

Escritos dirigidos a las autoridades, sobre todo al Rey al Consejo de Indias, denunciando injusticias y proponiendo remedios.

Convocatoria de Sínodos, concilios, Juntas e intensa participación en ellos

Refundación de universidades y colegios para indios; redacción de constituciones y estatutos en su defensa

Promoción elaboración de catecismos, gramáticas y otros libros en su propia lengua

Labor de consejo, apoyo y corrección para con los fieles, incluso virreyes, gobernadores y altos funcionarios

Visitas pastorales a la diócesis o provincia, consejo y dirección de sacerdotes y religiosos

Sacramentos

Fundación de reducciones y poblados para vivir en policía y en cristiano

Elaboración de obras escritas para divulgar la verdad y despertar el sentido del deber evangelizador entre los cristianos.

"el ideal evangélico en sí mismo y llevado a la práctica  apasionada, pero también razonable y prudentemente, tal y como los misioneros de la Escuela de Salamanca o afines lo hicieron, no es utopía irrealizable. Sólo cuando el misionero sabe armonizar "locura" y cordura tiene fruto su labor" p. 314

 

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LAS OBRAS DE MISERICORDIA EN EL PERÚ VI. Dar de comer al hambriento

LAS OBRAS DE MISERICORDIA EN EL PERÚ VI. Dar de comer al hambriento

Esta obra no necesita ninguna explicación. Quien no tiene para comer o beber, se muere. Es la obra de misericordia más evidente, más palpable ¡Cómo es posible que a diario, en pleno siglo XXI, siguen muriendo miles de personas?  La FAO subrayó que la cantidad de personas subalimentadas aumentó en Cercano Oriente, en el norte de Africa y en la región africana al sur de Sahara. Esto hizo que la cantidad de desnutridos pasara en 10 años de 169 a 206 millones, cuando los objetivos fijados en 1996 hablaban de la necesidad de llevar esa cifra a 85 millones para 2015. Esto significa que al menos una de cada seis personas no tiene alimentos suficientes para estar saludables y llevar una vida activa; esto significa que unos mil millones de personas apenas consiguen la alimentación necesaria para llevar una vida saludable y productiva. Con la crisis cada vez hay más personas que pasan hambre física, de no comer ni beber durante días. Es algo inhumano, contra natura, que un hombre no pueda comer.

Recordamos de modo entrañable aquellas palabras de San Juan Pablo II en Villa el Salvador: "Hambre de pan, nunca más".

Me importa más que en señalar problemas, apuntar algunos testimonios elocuentes de solución. Perú cuenta con una hermosa tradición para enfrentar el fantasma del hambre que tantas veces asola. Bastaría pensar con las ollas comunes, los comedores populares. Leo en la web de RPPP que "Más de medio millón de personas en Lima se benefician con el funcionamiento de 3,400 comedores populares, informó hoy la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Paola Bustamante, en el marco de la Tercera Semana de la Inclusión Social. Durante su visita a los comedores clubes de madres Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Rosa de Lima, ubicados en Villa El Salvador, la titular del Midis explicó que su portafolio trabaja con todos los comedores populares, que a escala nacional totalizan 13,000. http://rpp.pe/lima/actualidad/comedores-populares-en-lima-benefician-a-mas-de-medio-millon-de-personas-noticia-735645.

Si alguna institución merece nuestro respeto y aprobación es la Iglesia y dentro de ella CÁRITAS. Junto a ella, casi todas las parroquias están comprometidas en esta obra. Lo mismo cabe señalar con las congregaciones religiosas, hermandades, instituciones sociales que a través de comedores populares ayudan a paliar el hambre y la sed.

¡Qué hermosa la acción de las Carmelitas Nazarenas que, a pesar de vivir en clausura, atienden a diario a centenares de personas en desayunos y almuerzos gratuitos!

Conmovedora también la atención de las Misioneras de la Caridad de Santa Teresa de Calcuta. En su hogar de la Paz en La Parada, Av. 28 de Julio, 2821, se da a diario el milagro del compartir. El ambiente que rodea a este hogar nada en suciedad y miseria. Basta con cruzar el umbral del portón de la casa para experimentar un rayo de luz y de esperanza.  No importa contemplar niños esqueléticos, rostros esperpénticos sin algún ojo o con labios leporinos, niños golpeándose la cabeza, miradas ausentes o perdidas, ancianos regenerados de la droga o con males a flor de piel…El mal es una realidad, sí; el dolor, a toneladas…pero el bien vence, la esperanza triunfa, el amor  reina. Es el milagro de Madre Teresa que vive en sus hijas, las Misioneras de la Caridad, y en sus colaboradoras, y en los voluntarios y en los trabajadores, y en los pobres que son atendidos. Sí, la oración transfigura la realidad y nos abre horizontes de belleza y caridad. ¡Dios está aquí, me encontré en la sonrisa de los niños, en la coherencia de los trabajadores, en la esperanza de los voluntarios, en la caridad de las misioneras!

Lima, patria de santos, tuvo la gracia de acoger en siete ocasiones a Madre Teresa: el 6 de octubre de 1972, el 4 de octubre de 1973, el 26 de junio de 1974, el 30 de junio de 1975, el 14 de julio de 1977 y en 1986 y 1988. Les comparto un fragmento de su Discurso en el IV Congreso sobre la Reconciliación en 1989, "Jesús nos ha dicho: "lo que hagan por el más pequeño de los míos me lo hacen a mí". "Si dan un vaso de agua en mi nombre, a mí me lo dan, si ustedes reciben a un niño pequeño en mi nombre, me reciben a mí", y si hacemos eso Jesús nos dice: "vengan, benditos en mi Padre, y posean el Reino de Dios", "porque tuve hambre y me dieron de comer, no tenía mantas y me vistieron, no tuve hogar y me acogieron". Y el hambre no es solamente de pan. ¡El hambre es de amor, de reconciliación! ¡Es tan hermoso saber que podemos amarnos unos a otros con el corazón puro, perdonando cada uno al otro! Jesús nos ha dicho algo muy bello: "Sus muchos pecados le han sido perdonados porque ha amado mucho". Si en verdad queremos tener reconciliación, tenemos que perdonarnos unos a los otros, porque el perdonar nos da un corazón puro, y el que tiene el corazón puro puede ver a Dios y puede amar con un amor puro como Dios nos ama.Para enseñarnos lo bello que es el perdón, Jesús nos ha enseñado el Padrenuestro: "Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". La primera reconciliación la tenemos que hacer con Dios; su amor y su paz nos darán el coraje que necesitamos para reconciliarnos unos con otros y vivir en su amor. Por eso es muy importante la oración, porque el fruto de la oración es la fe, y el fruto de la fe es el amor, y el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz. Los actos de amor son siempre actos de paz. ¿Y dónde empieza este amor? En nuestra propia familia ¿Y cómo empieza? Rezando juntos. La familia que ora junta, permanece unida, y si permanece unida se amarán unos a otros como Dios los ama, y este amor los hará fuertes para poder amarse como Dios los ama. (https://www.aciprensa.com/teresadecalcuta/teresa2.htm)

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EL PADRE JERÓNIMO DIEGO DE CISNEROS EN LIMA, HOMENAJEADO POR SAN MARCOS

LES COMPARTO NUMEROSOS DATOS SOBRE El P. Diego Cisneros, monje jerónimo del Escorial, vivió en Lima un amplio período de tiempo hasta su muerte (1872-1812), GRACIAS AL P. JAVIER CAMPOS: http://www.javiercampos.com/files/Diego%20Cisneros,%20Monje%20sin%20Monasterio,%20Dic%202013.pdf


; fue miembro de la "Sociedad Académica Amantes del País", secretario y editor del famoso periódico "Mercurio Peruano", y director de la Librería de la Universidad a la que donó su biblioteca particular. Durante años ha recuperado la figura del P. Cisneros en archivos de Perú y España, y su importante significación en la cultura peruana. Con ese motivo el pasado día 26 de abril del 2016 con motivo de la celebración del Seminario Internacional sobre "La Universidad de San Marcos y el Perú en la época de la Independencia (1810-1826)", ha pronunciado una conferencia sobre el monje del Escorial fray Diego Cisneros y su destacada actividad en la vida cultural de Lima y de la Universidad de San Marcos en la que fue Bibliotecario Mayor, organizador de la Librería y a la que donó su biblioteca particular. Como homenaje se colocó una placa en el vestíbulo de la Biblioteca Central.

  • "El padre jerónimo Diego Cisneros, los libros prohibidos y el Mercurio Peruano", en Anuario Jurídico y Económico Escurialense (San Lorenzo del Escorial), 47 (2014) 629-653.  Texto
  • "El padre jerónimo Diego Cisneros, un monje sin monasterio. Su vida en Lima (1772-1812)", en La Ciudad de Dios (San Lorenzo del Escorial), 226 (2013) 665-702. Texto
  • "Del Escorial a Lima: Fray Diego Cisneros, Bibliotecario e ilustrado", en Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid), 206 / 2 (2009) 177-229. Texto completo aquí.
  • "El monje jerónimo español fray Diego Cisneros, el Santo Oficio de Lima y el Inquisidor General", en Anuario Jurídico y Económico Escurialense (San Lorenzo del Escorial), 42 (2009) 522-530. Texto completo aquí.   

Fue un monje jerónimo que vivió en Lima (1772-1812) administrando la venta de los libros litúrgicos y las rentas que el Monasterio del Escorial tenía en Perú por concesión de Felipe II y Felipe IV. Desempeñó cargos destacados en el ambiente cultural de Lima, como bibliotecario de la Universidad Mayor de San Marcos y redactor y editor del "Mercurio Peruano" de San Marcos y redactor y editor del "Mercurio Peruano", siendo amigo de un grupo de ilustrados, lo que le hizo enfrentarse a la Inquisición, a través del Inquisidor General, el obispo de Jaén; se publicó en un periódico de Cádiz, y de ahí se tomó para publicarla en otro de Lima, en 1813. Un buen artículo es el publicado por F. Javier Campos y Fernández de Sevilla y que se titula "El monje jerónimo español fray Diego Cisneros, el Santo Oficio de Lima y el Inquisidor General" en el Anuario Jurídico y Económico Escurialense, XLII (2009) 511-530 y que el autor ha tenido la gentileza de enviarme. Está distribuido en 5 apartados: introducción, representante del Escorial en Lima, problemas con la Inquisición, carta póstuma al Inquisidor General (1813)

Como el propio autor me señala, está empeñado en la figura completa del Padre Jerónimo, con documentación desconocida e inédita que manejo, más las referencias archivísticas en una selecta bibliografía, tanto de Lima como de España: Bibliotecas Nacionales de Lima y Madrid, Archivo del Arzobispado y el General de la Nación de Lima, el de Indias y el de Palacio Real de Madrid, además de la Biblioteca Real de Escorial. El P. Javier Campos ha localizado su partida de bautismo y su licencia para pasar a Perú. En el último apartado aparece la carta póstuma del libro de J. Guillermo Leguía: El precursor. Ensayo biográfico de D. Toribio Rodríguez de Mendoza (Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay, Lima, 1922), quien manifiesta gran simpatía por el liberal Padre Cisneros: "Felizmente, cuenta Rodríguez con amigos utilísimos para realizar la campaña cultural en que se halla empeñado. Y como entre aquéllos ninguno ha influido tanto en el Rector como el ´Muy Reverendo Padre Diego Cisneros, ni prestándoles mayor apoyo,...fraile preclaro, obsesionado con el fecundo propósito de la ilustración y del liberalismo" p.26

Gracias a la Biblioteca Virtual CERVANTES se puede disponer de la amplia semblanza en el Diccionario histórico biográfico de Manuel Mendiburu: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/peru/12472747622376051987435/p0000008.htm

CISNEROS. El padre fray Diego. Monje de la orden de San Gerónimo en el real sitio del Escorial. Ignoramos el lugar de su nacimiento y la fecha de su venida al Perú, dos datos que hemos solicitado sin haber conseguido obtenerlos.

Los Reyes de España, y principalmente Felipe IV, concedieron a dicho monasterio diferentes encomiendas de indios en el Perú. Tenemos noticias de que las poseía en los departamentos del Cuzco, Puno, Lima y Huaylas. Las rentas de sus productos no podían tocarse para ningún objeto aunque fuese piadoso: estaban exceptuadas de todo gravamen y en su remisión a España no pagaban ni el impuesto denominado «avería», ramo destinado a la conservación de la marina. Con este motivo el monasterio tenía en el Virreinato un administrador autorizado para la recaudación y demás funciones necesarias. Cuidaba de pagar al Rey el tributo correspondiente a los indios de esas encomiendas, sobre lo cual hemos visto una provisión en que así lo dispuso en 1675 el Virrey Conde de Castellar.

Por mucho tiempo residió en el Cuzco con aquel encargo fray Manuel de Rojas monje profeso de la citada orden. Sabemos de otros religiosos que desempeñaron la misma comisión en aquella ciudad, como fray Antonio Medel, fray Jacinto de San Andrés, fray Francisco de San Miguel, etc. Algunos documentos que están en el archivo nacional nos han dado a conocer que las rentas del Escorial no estuvieron bien manejadas, fuese por incapacidad e incuria de los administradores o por defraudaciones: pues es constante que existían cuantiosos rezagos por cobrar, como aparece de cierto expediente que hemos registrado importante más de diez y seis mil pesos, y de otro de treinta y seis mil seiscientos que adeudaba sólo el corregimiento de Huaylas. Las cajas reales del Cuzco debían siempre al Escorial considerables cantidades. Hiciéronse donaciones en favor del monasterio, según la costumbre dominante en los pasados tiempos, de aumentar los bienes de las órdenes religiosas: la Condesa de Lemos le cedió una crecida suma que se le debía procedente de las encomiendas de su pertenencia; don Blas de Ayesa Caballero de la orden de Calatrava se le obligó por un capital de 7.467 pesos, etc. Poseía el monasterio una finca en la calle del pozuelo de Santo Domingo en Lima: disfrutaba de un privilegio especial y exclusivo para vender misales, breviarios, -379- libros de devociones, y otros de nuevos rezos, cuya impresión o expendio, se hacía en esta ciudad por las personas encargadas al efecto.

Entremos ahora a recordar particularmente al padre Diego Cisneros, porque su venida y permanencia en Lima marca una época que puede decirse fue abierta y sostenida por él: hablamos de la introducción de trascendentales novedades en la enseñanza científica, que aunque iniciadas en tiempo del virrey don Manuel de Amat, vinieron a tener animación por la influencia del padre Cisneros. Hubo en el Perú hombres de profundo saber y de largos alcances que rodearon a ese Virrey, y que aprovechando de la oportunidad de haberse expulsado a los jesuitas, plantearon las bases de las reformas que pedía la grandiosa difusión de las luces. Pero faltándoles influencia y seguridad, limitaban con cautela sus conatos, arredrados ante el receloso Tribunal de la Inquisición, agitado siempre por los enemigos de las innovaciones que dieran cultivo al entendimiento.

Hay que agradecer a aquel Virrey que, aunque duro y arbitrario, no fue opuesto a la ilustración: no debe olvidarse al general de marina Guirior reconociendo sus buenas intenciones; ni la circunspección del Caballero de Croix, ni la inteligente tolerancia de otro General de Marina, don frey Francisco Gil, protector de las letras y del periodismo. La historia ha de ser justiciera, y al referir las malas obras de los gobernantes que fueron instrumentos del poder absoluto, no debe silenciar lo que con miras equitativas hicieran por el bien general, por lo mismo que su misión era la de luchar contra la libertad.

Mandaba el virrey don Manuel de Guirior, aquel recto funcionario perseguido hasta su muerte por el indiscreto y sombrío visitador Areche, cuando arribó al Perú el padre fray Diego Cisneros que había dejado sus claustros del Escorial impelido por una tormenta que contra él desató el odio envidioso de unos cuantos monjes. Desairáronle en su pretensión de obtener la prelacía de su orden, porque sus luces humillaban a los que nunca pudieran igualársele en el saber, y a los que no sufrían, por soberbia, las distinciones y predilección que le dispensaba la princesa María Luisa (después Reina como esposa de Carlos IV) de la cual Cisneros había sido confesor.

Afectada con el golpe de adversidad sufrido por el religioso a quien protegía, había conseguido se le presentara para un Obispado: mas no llegó a verificarse así por la absoluta negativa del padre Cisneros a admitir aquella elevada dignidad. Y conviniéndole alejarse del monasterio, alcanzó por medio de la misma Princesa se le permitiera residir en América. Tales fueron los antecedentes del nombramiento que se le otorgó de Administrador de las encomiendas y demás intereses de San Lorenzo del Escorial en el Perú, y con más facultades y atribuciones que sus predecesores. Uno de nuestros modernos historiadores refiere que el padre Cisneros había venido a Lima desterrado por celos de Godoy. Apartando lo sarcástico de semejante aserto, debemos tacharlo porque Cisneros llegó a Lima reinando Carlos III y algunos años antes de ser ministro Godoy quien no figuraba en ninguna escala, pues aun su ingreso en el cuerpo de guardias fue el año de 1784.

Cisneros no sólo organizó el negocio mercantil de libros, sino que abrió tienda pública en la calle del Pozuelo, vendiendo en ella otras obras en virtud de permiso que tenía; y por las recomendaciones que le favorecieron, creemos que sus cajones de volúmenes impresos, se librarían del riguroso escrutinio que en la aduana se practicaba. Edificó en la calle del Estanco viejo (conocida hoy por la del «Padre Gerónimo») una casa espaciosa para su habitación y despacho de asuntos.

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Era a la sazón Vicerrector del colegio de San Carlos el presbítero don Toribio Rodríguez de Mendoza natural de Chachapoyas, el mismo que pasó a la tienda del padre Cisneros e hizo apartar de su cuenta diferentes obras para mandar por ellas, y pidió se encargaran otras que no había en aquel depósito. Estando Rodríguez de regreso, llegó al colegio un carruaje en que el padre Cisneros personalmente condujo los libros encargados (por no hallarse de venta) y los obsequió a don Toribio Rodríguez. De esta manera principió la amistad de ambos sacerdotes que cada día se fue estrechando más. Es de suponer que los dichos libros serían prohibidos, desde que no se vendían públicamente, con lo que se prueba lo que antes hemos dicho sobre el pase de ellos por la aduana sin reconocimiento ni examen, tal vez en el concepto de que fuesen misales y breviarios.

Rodríguez de Mendoza dejó el colegio y volvió a Trujillo donde obtuvo el curato de Marcabal. Siguieron cultivándose a pesar de la distancia sus relaciones con el monje de San Gerónimo, quien maduraba su proyecto de operar un cambio en la instrucción por medio del entendido y diestro colaborador que había encontrado en el irreemplazable doctor Rodríguez. Cisneros, respetado de todos por el favor que tenía en la Corte, no fue menos considerado por el Virrey Caballero de Croix, natural de Flandes, que entró a gobernar en 1784. Amat había desacertado al nombrar por primer Rector del convictorio carolino al canónigo don José Laso que dio testimonios de su falta de idoneidad para tan delicado puesto. Le sucedió otro eclesiástico don José Francisco Arquellada cura de San Marcelo, Consultor de la Inquisición, después dignidad del coro, y cuya incapacidad y atrasadas ideas se pusieron de manifiesto con la decadencia del colegio donde el progreso de las luces era contrariado por invencibles trabas y errores.

El Caballero de Croix escuchaba al padre Gerónimo con mucha benevolencia, y había formado de él un elevado concepto: entendiéronse ambos, y en breve quedaron de acuerdo acerca de la protección que se debía dar a la juventud, facilitándola estudios que guardasen armonía con los adelantos científicos de todas las naciones. El padre Cisneros viendo que era llegado el instante de colocar a don Toribio Rodríguez en el rectorado vacante por la separación de Arquellada, empleó todo su influjo para lograr su deseo, y lo consiguió con doble satisfacción, porque habiendo querido el Virrey nombrar a don Mariano Ribero y Araníbar natural de Arequipa, que también había sido Vicerrector, y era persona de gran merecimiento, éste se excusó, y dijo que el llamado y más digno para servir ese cargo, era el doctor Rodríguez que fue maestro suyo.

Admitió Rodríguez tan importante destino y se posesionó de él después de renunciar el curato en que se hallaba al ser llamado por el Virrey. El padre Diego Cisneros fue el consultor y el confidente a propósito para sostener al que con su estímulo entró al rectorado resuelto a tomar el camino de las reformas, en que era indudable habría de tropezar con no pocos embarazos. Los dos trazaron la línea de conducta que les pareció conveniente, empleando al seguirla el mayor disimulo y la más meditada discreción, a fin de no alarmar con actos de violencia, ni con hacer comparaciones ni demostración alguna que hiriese la susceptibilidad de tercos antagonistas.

Proscribir el escolasticismo, sustituyéndolo con las nuevas doctrinas, era el paso primero y fundamental que había de darse, removiendo las dificultades que lo entorpecieron en la época del virrey Amat. Rodríguez acometió la empresa protegido por Cisneros, cuyo valimiento en la Corte y con el Virrey les fue de mucha utilidad. Sentado aquel principio, el -381- Rector llevó a efecto otras variaciones en el plan de estudios, y con ellas se hizo la enseñanza de las matemáticas puras y aplicadas, de la física de Newton, que había servido Ribero, y del derecho natural y de gentes, adoptando para el estudio de éste y para la lógica y ética, los textos del célebre Heinecio.

Rodríguez había trabajado en unión de Ribero unos «lugares teológicos» tomando por base los canonistas más afamados y la declaración de la iglesia galicana: si no se avanzó más, fue por no perderlo todo, peligro inmediato que a él y a Cisneros los hizo ser muy cautos.

Apenas puede creerse, mas es cierto, que no consiguió el Rector de San Carlos se le autorizara para traer máquinas e instrumentos a fin de formar un gabinete cuyos aparatos sirvieran en la aplicación y práctica de los estudios astronómicos y de las teorías del de mecánica.

En verdad las novedades y cambios hechos en el convictorio no agradaban a muchos, especialmente el estudio del derecho natural y de gentes. El virrey Gil no era hostil a la reforma, y O'Higgins y Avilés que gobernaron en seguida, no se atrevieron, como no se atrevió la Audiencia, a oponerse francamente a pesar de diligentes instigadores. Esta misma abstención o desentendencia en lo público observaron los inquisidores con harta repugnancia; y era porque estaba de por medio el padre Cisneros, punto de apoyo de todo aquel movimiento, y quien daba calor y protección resuelta al doctor Rodríguez ya canónigo lectoral del coro de Lima. A primera vista parece extraño fuese tan eficaz y poderoso el influjo del religioso Gerónimo; pero esta idea se disipa sin más raciocinio que el muy decisivo y concluyente de que ese monje era cada día más beneficiado y protegido de la princesa María Luisa ya Reina de España. Virreyes, oidores, inquisidores, clero y religiones, tenían que contenerse sin que ninguno se resignase a arrostrar el desagrado de la Reina y la consiguiente indignación que de otro modo les hiciera sentir el Primer Ministro y favorito de los Reyes, don Manuel Godoy Príncipe de la Paz.

El temor que anonadaba a esos funcionarios pudo más que las opiniones ultramontanas, y desarmaba el fanático furor con que en otras circunstancias se hubieran de un soplo desbaratado tales reformas que detestaban a pesar de su obligado silencio. En esta vez sus convicciones, verdaderas o no, cayeron a los pies del egoísmo y del espíritu de propia conveniencia y conservación.

Un adversario a quien sobraba la resolución que faltó a los otros, emprendió la lucha contra las reformas y textos del convictorio. Fue el arzobispo don Juan Domingo González de la Reguera cuyo prestigio revelaba las atenciones que merecía en la Corte. Había sido cura de Potosí y Obispo de una Diócesis de tercer orden, la de Santa Cruz de la Sierra: pero poseía riquezas y sobreponiéndolo a dignos prelados de los obispados más importantes de Suramérica, se le elevó en 1781 al Arzobispado de Lima. La Reguera se mostró progresista declarándose por las doctrinas modernas tocantes al beneficio de los metales sobre que hizo escribir en el Mercurio Peruano; pero se hallaba muy distante de favorecer el mejoramiento social poniendo los estudios en relación con el saber y los adelantos de la época. Se propuso combatirlos, y escribió a la Corte ponderando los grandes males que esas innovaciones ocasionarían en las colonias americanas. Nada tenía que recelar desde que le distinguía la misma reina María Luisa, a la cual había hecho valiosos obsequios. Contaba con el mismo Godoy y en 1794 recibió la gran Cruz de la orden de Carlos III no concedida hasta entonces a ningún Virrey ni Prelado de la América Meridional.

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Al rector Rodríguez que vivía temeroso de recibir un pesado golpe de desgracia, lo confortaba y le trasmitía su valor el monje Gerónimo tan entendido como astuto, por el conocimiento que tenía del mando, de los hombres y de la situación y estado de las cosas de España. Pero le alucinó su misma confianza, y aunque defendió las variaciones hechas y puso de por medio los recursos que creyó más positivos y adecuados, de nada le sirvieron y se expidió real orden reservada prohibiendo la enseñanza en San Carlos del derecho natural y de gentes de Heinecio.

No se esperaba golpe tan duro y repentino, y por eso causó honda impresión en el convictorio que tan preparado estaba para sostener diferentes tesis, y en actos universitarios, como el padre Cisneros lo sugirió al doctor Rodríguez, para que siendo públicos, se juzgase por la opinión general el fruto de aquella enseñanza, y los altos fines que estaba llamada a producir. Con esto los que la desacreditaban y combatían por ignorancia o malicia, hubieran quedado vencidos por la imparcial aquiescencia de cuantos comprendiesen las ventajas que se obtendrían en el estudio del derecho civil.

Hombres del temple y recursos de Cisneros y Rodríguez no se rinden al primer revés; y lejos de abatirse, apelaron al arbitrio de que el derecho natural y de gentes que ya no podía cursarse públicamente, continuase estudiándose en secreto. Llevose a efecto una determinación desde luego arriesgada, pero garantida por los alumnos de tan importantes clases, cuya gratitud y amor a las ciencias no se desmintieron con la violación del sigilo de que dependía su aprovechamiento y progresos. Y sin embargo, como era imposible dejase de traspirarse algo que cuando menos infundiera sospechas de lo que pasaba dentro del recinto de una corporación tan numerosa encaminada por muchos maestros, tenemos que confesar que ni el ilustrado arzobispo las Heras, ni la Inquisición, tan gastada y decadente, hostilizaron al convictorio de San Carlos, porque tampoco lo hacía el próvido Abascal, Virrey de extraordinarios alcances en política y tacto gubernativo.

El padre fray Diego Cisneros ocupaba en la buena sociedad de Lima el lugar distinguido que le correspondía por su talento, instrucción, ideas adelantadas e influencia en la Corte. Perteneció como miembro honorario y bajo el nombre de Archidamo a la sociedad de «Amantes del país» de que era protector el virrey Gil, y que publicó desde 1791 el memorable Mercurio Peruano, periódico de ciencias, literatura, historia y estadística, en que salieron a luz algunas interesantes producciones del padre Cisneros, ligado por los atractivos y vínculos de la inteligencia y del saber a Baquíjano, Unanue, Egaña, Calatayud, Arriz, Rodríguez de Mendoza, Morales Duárez, Arrese y tantos otros peruanos que componían aquella asociación bajo el protectorado del general Gil. En el artículo respectivo a este Virrey nos extenderemos lo suficiente al tratar de la sociedad de «Amantes del país» que aplaudió el rey Carlos IV al suscribirse alMercurio y ordenar al Virrey propusiese a sus colaborares para destinos y recompensas. Cuando llegó para ese periódico la hora del decaimiento, después de haberse publicado once volúmenes de él, a costa de los esfuerzos de dicha reunión de literatos, el padre Cisneros aún hizo los últimos (propios de su tesón), dando a luz a su costa el tomo duodécimo.

Falleció fray Diego Cisneros el año de 1812, cuyo deplorable suceso dio lugar a que el doctor Rodríguez dijese que por momentos esperaba ser destituido del rectorado de San Carlos: pero no lo hizo el virrey Abascal que al concluir su tiempo de mando en 1816, dejó a aquel Canónigo en el mismo cargo de Rector en que lo encontró al empezar su gobierno. Por -383- Setiembre del año de 1813 se imprimió en Lima en varios números de El investigador una larga carta anónima que en 1794 dirigió el padre Cisneros al Inquisidor General, con respecto al índice expurgatorio y prohibición de libros que se expidió el año 1790. El investigador fue uno de los periódicos que salieron a luz favorecidos por la Constitución española de 1812, que autorizó y dio garantías a la libertad de la imprenta. Súpose entonces que fray Diego Cisneros era el autor de la mencionada carta, y que la había dictado al presbítero diputado don Juan José Muñoz más tarde cura de esta catedral y Diputado al Congreso constituyente de 1822. Muñoz que conservaba esos borradores, fue uno de los decididos admiradores de Cisneros que abrazaron muchas de sus doctrinas, buscando las luces para cultivarlas y recibir sus beneficios, y haciendo por destruir las preocupaciones y errores que las interceptaban.

No fue sólo Muñoz quien comprendió y aceptó en aquel tiempo las ideas del padre Cisneros para mejorar los estudios y abrir paso a los adelantos científicos: el presbítero don Felipe Cuéllar cura de Surco, los doctores Mariátegui, Carrión, Rolando, Herrera Oricain y tantos otros, merecen recordarse como los agentes modernos del desarrollo de la instrucción y de la libertad del pensamiento, sin la cual es vedado al hombre investigar las verdades que descubre la inteligencia humana para bien del universo.

Fray Diego Cisneros enriqueció la biblioteca de la Universidad de Lima obsequiándola su valiosa y escogida librería que en 1822 sirvió de base de la nacional que muchas personas notables aumentaron después, desprendiéndose generosamente de un crecido número de obras, a las cuales se agregaron las que tuvieron los conventos supresos. Era el padre Cisneros enemigo implacable del Tribunal de la Inquisición, y decía no haber instrumento más eficaz que él para embrutecer a los pueblos. Opinaba y con vehemencia por la extinción de las órdenes religiosas de ambos sexos, considerándolas muy perjudiciales por razones que aducía y que no tenemos a bien repetir para evitar glosas y calumnias. Últimamente abrigaba el monje del Escorial ideas que trasmitía en su círculo privado contrarias al poder pontificio, que titulaba anticristiano en sus amargas censuras sobre asuntos de la disciplina de la Iglesia Católica. En el artículo Rodríguez de Mendoza, el diputado don Toribio, tratamos de cómo el virrey Pezuela le destituyó del rectorado de San Carlos, con otras particularidades relativas a este colegio.

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jueves, 28 de abril de 2016

Un Seminario con historia. P. Carlos Rosell, Rector de la FTPCL

Comentario al nuevo libro EL SEMINARIO DE SANTO TORIBIO EN LA HISTORIA (1590-2006) (Su trayectoria vital): José Antonio Benito. Facultad de Teología, Arzobispado de Lima, Seminario, Lima 2016, 358 pp.


Un Seminario con historia
 
Uno de los pasajes bíblicos fundamentales para hablar del sacerdocio es el llamado que hace el Señor a los Doce. A este respecto leemos: Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios (Mc 3, 13-15). En este sentido, podemos afirmar que un Seminario es el espacio donde se actualiza este pasaje de la vida del Señor. En efecto, la Iglesia ha instituido los seminarios para que los candidatos al sacerdocio, es decir los llamados por Jesús, estén con Él de una forma más cercana, y luego de varios años de una seria formación, reciban el sacramento del Orden y así salgan a predicar con autoridad la Palabra de Dios y celebrar los sacramentos. De esa manera, harán presente al mismo Cristo en medio de su Iglesia. Gracias a los seminarios, la Iglesia garantiza que sus ministros sagrados tienen la formación debida para servir al estilo de Jesús, el Buen Pastor (cf. Jn 10, 11).
Todo Seminario es una bendición para la Iglesia. Y en este sentido, el Seminario fundado por el santo arzobispo de Lima, Toribio Alfonso de Mogrovejo, ha sido y es un instrumento de primer nivel al servicio de la Iglesia. Por eso, ¿cómo no elevar al Altísimo nuestra acción de gracias por todos los sacerdotes que han salido de este centro de formación? ¿Cómo no dar gracias a Dios por tantos sacerdotes fieles hasta la muerte que se han formado en el Seminario de Lima?
Hablar del Seminario de Lima conduce inevitablemente a resaltar la figura de santo Toribio de Mogrovejo. A este respecto, afirmaba el gran historiador Rubén Vargas Ugarte: Así como los Concilios Limenses ocupan el primer lugar en la legislación eclesiástica, el Seminario fundado por el insigne Arzobispo de la Ciudad de los Reyes, Toribio de Mogrovejo, tiene la primacía entre todos los centros destinados a la formación del clero en estas tierras descubiertas por Colón.[1]
El Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo tiene una rica historia. Son pocos los seminarios en América Latina que pueden hablar de más de 420 años de historia. En efecto, el  inicio del seminario se remonta al 7 de diciembre de 1590 cuando se nombró al primer rector del Seminario, Don Hernando de Guzmán. Así se menciona en la Carta de Juan Pablo II al Sr. Cardenal de Lima Augusto Vargas Alzamora, 7 de diciembre de 1990: «El nombramiento de su primer rector, el 7 de diciembre de 1590, ha sido considerado como el acto fundacional del Seminario. La iniciativa estaba destinada a perdurar y dar copiosos frutos».
El Seminario de Lima, alma máter de los sacerdotes del Perú, ha conocido una trayectoria variopinta. Desde su fundación hasta el año 1909 es el clero diocesano responsable de la marcha del Seminario. El año 1910, el Seminario es encargado a los padres claretianos, los cuales estarán en la formación hasta el año 1920. Luego, desde el año 1940 hasta 1991, serán los Misioneros del Espíritu Santo quienes se harán cargo del Seminario. A partir del año 1992, los sacerdotes diocesanos vuelven a la formación. Actualmente todo el equipo de formación está compuesto por sacerdotes del clero diocesano.
Asimismo, desde su origen el Seminario conocerá diferentes locales. El año 1940, Lima sufre un terremoto de grandes proporciones, y el edificio antiguo del Seminario ubicado en la calle El Milagro, contiguo al convento de los franciscanos, quedó profundamente dañado. Esto motivó que el año 1945 se trasladará al actual local en el distrito de Pueblo Libre.
Hoy el Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo tiene un reto: formar sacerdotes santos que asuman sin miedo ni complejos los desafíos del siglo xxi. El Rector y el equipo de formadores asumimos este reto confiados en la intercesión de Santo Toribio de Mogrovejo, nuestro fundador.
Agradezco el Dr. José Antonio Benito por haber redactado este libro: El Seminario de Santo Toribio en la historia (1590-2014). Su trayectoria vital. Es un texto que con rigor histórico y concisión nos relata la vida del Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo de Lima. Estoy seguro de que la lectura de este libro contribuirá enormemente a conocer y valorar la rica historia de la Iglesia que peregrina en Lima con el único afán de llevar el Evangelio.
  
 
P. Carlos Rosell De Almeida
Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima


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