sábado, 20 de septiembre de 2014

P. Tomás Morales, S.J.: Los Santos, Pablo, Andrés y compañeros, mártires de Corea 20 SEPTIEMBRE

Hoy, 20, la iglesia celebra los santos coreanos. Me complace compartirles –hoy que en Madrid conmemoramos los 20 años del Siervo de Dios, P. Tomás Morales, nuestro fundador, su entrañable semblanza sobre ellos.

 

http://www.romereports.com/pg158002-papa-beatifica-a-124-martires-de-corea-es

Recientemente el Papa Francisco ha beatificado a 123 mártires coreanos Fue uno de los momentos más esperados del viaje del Papa a Corea del Sur. La Iglesia cuenta con 124 nuevos beatos y esta es la alegría de los peregrinos coreanos después de que el Papa pronunció la fórmula de beatificación.

Más de un millón de personas llenaron las calles de Seúl para asistir a la Misa de beatificación de Pablo Yun Ji-Chung y sus 123 compañeros mártires que fueron víctimas de la persecución religiosa de los siglos XVIII y XIX.

En la homilía Francisco destacó el ejemplo de estos mártires laicos que introdujeron el catolicismo en Corea. 

FRANCISCO

"Nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir".

Explicó que estos primeros católicos formaron pequeñas aldeas donde los más necesitados eran los más importantes.

FRANCISCO 

"Su ejemplo tiene mucho que decirnos a nosotros, que vivimos en sociedades en las que, junto a inmensas riquezas, prospera silenciosamente la más denigrante pobreza; donde rara vez se escucha el grito de los pobres".

El Papa dijo que estos mártires rompieron las rígidas estructuras sociales de su época conviviendo con todos por igual, con caridad y solidaridad. Por eso, explicó que estas cualidades pueden imitarse hoy en día para buscar la paz.

FRANCISCO 

"La herencia de los mártires puede inspirar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar en armonía por una sociedad más justa, libre y reconciliada, contribuyendo así a la paz y a la defensa de los valores auténticamente humanos en este país y en el mundo entero".

Francisco también quiso recordar a todos los mártires anónimos que han sufrido persecución en el mundo a causa de su fe.

 

P. Tomás Morales, S.J.:

Los Santos, Pablo, Andrés y compañeros, mártires de Corea

 

20 SEPTIEMBRE

 

Niños moribundos, pioneros de la fe

 

         La Península Coreana avanza atrevida en dirección Noroeste–Sureste, con su superficie de casi doscientos veinte mil kilómetros cuadrados y sus más de cuarenta y dos millones de habitantes. Arranca de China, y se abre soñadora en escarpadas y abruptas pendientes, hacia el mar del Japón. Al Sur y Poniente las montañas se contornean en líneas más suaves y sinuosas que forman en el Mar Amarillo un collar de islas, penínsulas y bahías fascinantes en su polícroma variedad.

 

         Uno de los países más montañosos del mundo, ofrece paisajes encantadores y rincones de ensueño. Las Montañas Blancas cruzan Corea de Norte a Sur y se elevan a dos mil metros de altitud media. El Paekusan es su cumbre más empinada y rebasa los dos mil setecientos. Las Montañas del Diamante corren a lo largo de su costa oriental con quinientos metros menos de altura media.

 

         Los primeros cristianos en este pueblo nostálgico que anhela el cielo, fueron niños moribundos bautizados. Detalle insignificante en apariencia, pero pletórico de simbolismo profético. La ingente legión de mártires coreanos vislumbra en ellos la fortaleza que sólo la alcanzan los sencillos que se hacen como niños para arrebatar el Reino (cf. Mt 18,4).

 

         Taikoama, emperador del Japón, anexiona Corea y desencadena la primera persecución contra los cristianos entre 1591 y 1598. En el ajedrez divino todo es providencial. Algunos de esos cristianos se refugian en la Península. Bautizan en "un segundo nacimiento" (S. Jerónimo) a esos niños, y "les hacen inmortales" (S. Cirilo de Alejandría). "Nacen de lo alto" (Jn 3,7) a un nacimiento tan real y verdadero como el primero, pero para no morir nunca.

 

L2****Laicos artífices de una cristiandad

 

         Gregorio de Céspedes y León Rocán, jesuitas, llegan también desde Japón y permanecen en Corea un par de años sembrando a Cristo. Es una evangelización relámpago, pero produce frutos muy sazonados. Esclavos coreanos se trasladan después a Japón y serán mártires durante las persecuciones del siglo XVII. Nueve de ellos se contarán entre los beatificados en 1861.

 

         Un eclipse se va a producir, pero será pasajero. Ciento cincuenta años después, la fe en Cristo volverá a brillar con intensidad estable y creciente. Es en 1784 y unos cuantos laicos crean, sin saberlo quizá, una nueva cristiandad. "Caso único en la historia", dice sorprendido Juan Pablo II (18–11–1984, 1), y reconoce la liturgia cuando aclama al "Creador y Salvador de todos los hombres que de un modo admirable llama en Corea a un pueblo de adopción" (orac. col.).

 

         Seglares cultos que buscan ansiosos la verdad importarán la fe, no desde Japón, sino desde China. Los dos imperios rivales que durante siglos se disputan Corea hasta finalizar la Segunda Guerra Mundial, tendrán la gloria más duradera de orientar la península hacia Cristo.

 

         Acontecer excepcional. El camino de los coreanos hacia la fe no comenzó por misioneros venidos de fuera. Partió de dentro gracias a la iniciativa autóctona de intelectuales laicos que llevaron espontáneamente la fe a su patria.

 

Fundadores de la Iglesia coreana

 

         Unos seglares indígenas cultivaban Filosofía y Literatura, y la aspiración natural de la razón humana a la verdad les impulsa en 1784 a ponerse en contacto con Pekín. Nadie les comprende, pero no les importa e inician la aventura de la fe. Soportan graves riesgos —algunos serán mártires— con tal de descubrir la Palabra de Dios, y luego —no lo sospechaban— creen con gozo en el Salvador Resucitado.

 

         Libros recientes venidos de China avivan su curiosidad. Los escribían hombres, católicos algunos, que podían darles luz sobre la nueva fe que ellos buscaban. Envían como explorador a uno a Pekín y allí recibe el Bautismo. Al volver habla a sus amigos con el fuego de un cristiano recién convertido, y el Espíritu Santo que había recibido, se comunica a los demás. "Un sólo corazón y una sola alma", empezaron todos a tener, "y se iban agregando más creyentes al Señor" (Hech 4,32 y 5,14). La buena semilla hace florecer la primera comunidad cristiana nacida sólo a impulsos de los laicos. "Hombres y mujeres —dice el Papa— son considerados con razón como fundadores de la Iglesia en Corea" (18–11–1984, 1).

 

Cincuenta y seis años sin la ayuda de sacerdotes

 

         "Todo el que es de la verdad, oye Mi voz" —había dicho Jesús— (Jn 18,37). No podía defraudar a esos coreanos que anhelaban encontrarse con Él. Cristo les ilusiona mucho más de lo que ellos esperaban y les fortalece para pisotear todos los bienes de la tierra, incluso la vida, con tal de no perder a Jesús. La Iglesia coreana siguiendo su ejemplo heroico ha engendrado multitud de mártires, nuevas rosas que la Sangre del Redentor ha hecho nacer de las espinas de su Corona.

 

         Los ciento tres canonizados en Seúl, son número ínfimo comparado con los miles que recuerdan su gloriosa historia crucificada. En menos de un siglo Corea puede enorgullecerse con unos diez mil mártires a lo largo de una cadena de seis crueles persecuciones. 1791, 1801, 1827, 1839, 1846 y 1866 marcan los hitos de un aluvión de héroes. Amanece el siglo XX y aún continúan dando su vida por Cristo unos setecientos cristianos en la isla Quelpaert.

 

         Pléyade martirial en rica y variadísima gama, desde Peter Yu, adolescente de trece años, hasta Mark Chong, anciano de setenta y dos. Hombres y mujeres, pobres y ricos, pueblo y nobles, cultos e ignorantes, clérigos y seglares cantan al unísono con sus vidas ofrecidas: "Digno es el Cordero que ha sido inmolado de recibir poder, riqueza, sabiduría, bendición y honor por los siglos de los siglos" (Ap 5,12).

 

Vértigo de asombro

 

         ¡Inusitado y sorprendente! Pero lo que más impresiona no es esa catarata de sangre vertida con coraje sublime, es un dato histórico. Seglares, simples bautizados, son los únicos protagonistas. Anuncian el Evangelio a sus hermanos hasta el martirio durante más de medio siglo sin sacerdotes, ni sacramentos. Un vértigo de asombro nos electriza lanzándonos a ser misioneros de tantos hermanos descreídos. Juan Pablo II nos lo asegura. "Cincuenta y seis años, de 1779 a 1835, los laicos, sin ayuda de sacerdotes —a excepción de dos chinos que sólo pasaron entre ellos poco tiempo— difunden el Evangelio en su patria" (18–11–1984, 1).

 

         Seglares intrépidos ahondan cada día más en esas décadas en su unión con Cristo por la oración y en el amor fraterno sin marginar a nadie y favoreciendo más a los pobres y enfermos. Fomentan vocaciones religiosas, en especial contemplativas, y manifiestan comunión íntima con su obispo de Pekín y el Papa en la lejana Roma.

 

Uña y carne

 

         Los laicos, encendidos en amor a Dios, son imparables. La ausencia de clérigos años y años les escocía. Deseaban unirse con Cristo en la Confesión y Eucaristía. Decididos, con la audacia que da la esperanza cierta, escriben a Gregorio XVI pidiendo les envíe sacerdotes. La Sociedad para las Misiones Extranjeras de París acepta el ruego que el Papa le hace en 1827.

 

         Nueve años más tarde en 1836 Pedro Maubant y Santiago Chastan emprenden su apostolado en Corea coronado por el martirio. Inscritos también para siempre en el "libro de la Vida" (Ap 20,12) fueron, entre muchos, Antonio Daveluy con una docena de sacerdotes. Lorenzo Imbert, el primer obispo que predica el Evangelio en la Península y Simón Berneux, el gran divulgador de libros doctrinales y ascéticos, se suman también al cortejo martirial.

 

         Los seglares coreanos contagian su ímpetu proselitista y su sed de inmolación a los recién llegados. Uña y carne con ellos desde el primer momento, se consideran hermanos. Confraternizan, porque la caridad desconoce barreras de nación o cultura.

 

         El Evangelio está abierto a cualquier época y civilización. Fecunda desde dentro la espiritualidad y los dones propios de las varias culturas (Gaudium et Spes, 53).

 

Binomio clave

 

         Hermanados coreanos y franceses, laicos y clérigos en un mismo dinamismo misionero, logran desde 1835 espléndida cosecha de conversiones. El conflictivo, pero fecundo binomio sacerdote–laico tiene la audacia de encarnarlo con sencillez. Unos y otros miran a Jesús humilde, médula de la cristología de S. Agustín. Practican su consejo: "Recógete y redúcete, hombre, a la humildad de Cristo, no sea que por hincharte, revientes". Los clérigos saben respetar la autonomía del laico y los seglares llenos de iniciativa obedecen al presbítero en su área espiritual específica.

 

         Nativos y extranjeros se anticipan al consejo de Pío XII un siglo después. Se rodean de jóvenes con "ideas claras, convicciones profundas, voluntad firme y dócil". Les enseñan que "la hora presente es la hora del Evangelio, después que han fracasado, o están a punto de fracasar, sistemas y doctrinas que han querido prescindir de Dios" (10–9–1953, 6).

 

"¿Cómo podéis pedirme...?"

 

         Profunda emoción suscita el relato de los mártires. Nos conmueve su serenidad imperturbable y la alegría misteriosa que mantienen ante la perspectiva cruel de tormentos y muertes afrentosas. Su fortaleza nos recuerda las Actas de los primeros cristianos.

 

         Transparencia alabastrina de alma revelan los detalles de su martirio. Nos permiten vislumbrar la disciplina del quietismo oriental soñador en que habían sido troquelados. Dominio propio y desprendimiento ascético de los bienes de este mundo, incluida la misma vida física.

 

         Las últimas palabras de Teresa Kwon, una de las mártires más antiguas, manifiesta sereno equilibrio y firmeza de alma. "Si el Señor del cielo es el Padre de toda la humanidad y el Señor de toda la creación, ¿cómo podéis pedirme le traicione? En este mundo, incluso alguno que traicione a su padre o a su madre no será perdonado. ¡Cuanto más podría yo traicionar jamás a Aquel que es el Padre de todos nosotros!".

 

Martirio familiar

 

         Una generación más tarde, Agustín, padre de Peter Yu. Los verdugos le incitan a renegar. Exclama valiente y alborozado: "Una vez que he conocido a Dios, no me es posible negarle".

 

         Peter Cho va aún más lejos. Movido por el Espíritu Santo, se siente hijo de Dios (cf. Rom 8,14). Le invitan a apostatar y se yergue audaz increpando a los que iban a darle muerte. "Suponed que un padre comete un crimen. Un hijo no podría renegar de él y dejar de considerarle como padre. ¿Cómo yo podré decir que no conozco al Señor y Padre del cielo que es tan bueno?".

 

         Martirio familiar, con frecuencia, que une con intimidad hogareña a padres e hijos en familia eterna. Aghata tiene diecisiete años. Engañan a ella y a su hermana, aún más joven, con la falsa noticia de que sus padres han renegado. Responde con sencillez y valentía en nombre suyo y de su hermana: "Si mis padres apostatan o no, es cosa suya. Nosotras no podemos traicionar al Señor de los cielos a Quien hemos servido siempre". El ejemplo siempre encandila y arrastra. Seis cristianos adultos se entregan voluntarios al martirio. Las dos hermanas con sus padres y ellos, se labran juntos la corona inmarcesible. Nos alcanzan, unidos a otros muchos humildes y desconocidos, "convertirnos en sacrificio agradable al Señor para salvar al mundo entero" (orac. of.).

 

Mies copiosa

 

         La sangre martirial grana siempre en prieta y dorada espiga. En 1801 hay ya diez mil cristianos y trescientos laicos son martirizados a una con el primer sacerdote chino. Sesenta y cuatro años más tarde con penalidades sin cuento se multiplican hasta veintitrés. Estalla violenta la nueva persecución en 1866 y se apunta en trágico balance dos obispos, siete sacerdotes y más de diez mil laicos.

 

         Alborea el siglo XX y los cristianos casi se triplican en 1905. Empieza a surgir clero indígena, y en 1942 Pío XII ordena el primer obispo coreano, Pablo Ro.

 

         El ritmo de conversiones se va haciendo vertiginoso. En 1980 Corea del Sur cuenta con un millón y trescientos mil católicos. Al año siguiente aumenta un diez por ciento, y en 1984 rebasa los dos millones. Amplían seminarios y noviciados ante la enorme afluencia de nuevos candidatos. Conversiones se siguen produciendo. Proceden, sobre todo en las ciudades, de cualquier estamento, desde parlamentarios hasta los más modestos trabajadores.

 

Certezas y no dudas

 

         La sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos. Una vez más se comprueba, pero en Corea —como en cualquier país descristianizado—, otro factor influye en las conversiones. Budismo, samanismo, sintoísmo —o dinero, sexo, gastrolatría y demás dioses de la sociedad consumista— siembran vacío, angustias, amarguras, dudas. El catolicismo en cambio, es nitidez de fines sobrenaturales, y seguridad en cualquier coyuntura de la vida en brazos de Dios Padre providente.

 

         La Iglesia es para el coreano que se convierte, como para el descreído en Europa que recupera la fe, capaz de responder a sus más íntimas aspiraciones y de satisfacer las necesidades actuales del presente y del futuro. Protege a cuantos sufren y alienta a los que intentan superarse. Proclama la justicia sin someterse a partidos. Respeta la libertad y opciones personales, incluso cuando proclama el Evangelio.

 

         Los misioneros que logran estas conversiones son las más de las veces simples laicos. Están orgullosos de ser católicos y se esfuerzan en vivir su creencia y transmitirla. Saben que la fe, si no se convierte en misión, acaba apagándose.

 

         Excepcional en la historia de la Iglesia en Asia es este oleaje creciente de conversiones entre los coreanos. Algo parecido pasó en Japón en el siglo XVII y antes en Filipinas. Sucederá lo mismo en los países descristianizados de Occidente que viven "en un mundo que ha recaído casi en el paganismo" (Pío XII), "en que toda la tierra es país de misión" (Pablo VI).

 

         ¿Condición indispensable? El binomio laico–clerical de Corea, es la clave para recristianizar una nación y convertirla en exportadora de evangelizadores como fue Europa. Pero con una condición. Sacerdotes y seglares tienen que transmitir certezas y no dudas, verdades y no sofismas, "permanecer unidos firmemente a Cristo trabajando en la Iglesia por la salvación de todos", como suspira la liturgia (orac. com.). Asia, por ejemplo, con el sesenta por ciento de la población mundial, elevaría con rapidez su exiguo porcentaje cristiano del tres por ciento.

 

 

 

Paralelismo sorprendente

 

         Los mártires coreanos, como los primeros cristianos de todos los tiempos, siguen con fidelidad acrisolada las huellas de S. Pablo. Entrega total a Cristo, valentía inconmovible y espíritu de sacrificio hasta la muerte. Anhelo incontenible de compartir la alegría íntima de su experiencia cristiana con el mayor número posible de almas, sin rendirse jamás ante la incomprensión o el desaliento.

 

         "Sé vivir en pobreza y también nadar en la abundancia..." (Filip 4,12). El Apóstol estaba dispuesto a todo, y al mismo tiempo, desprendido de todo. Sólo le interesa estar y permanecer en y con Cristo. Todo lo demás lo considera accesorio, y lo endereza todo a ese objetivo supremo e irrenunciable. Jesús mismo le comunicaba fuerza y consuelo para ese desprendimiento total. Le mantiene cerca de Él y le imprime dinamismo que todo lo alcanza. Pablo reconoce humilde que "todo lo puedo en Aquel que me conforta" (Filip 4,13).

 

         ¡Paralelismo sorprendente! Los mártires coreanos siguen la ruta única por él trazada para evangelizar hoy y siempre. Granos de trigo que mueren y producen al ciento por uno. Viven muriendo, y mueren resucitando. Creen en el Evangelio, "aborrecen su vida en este mundo y la guardan para la Vida Eterna" (cf. Jn 12,25).

 

Apoteosis de gloria

 

         Escenarios grandiosos del triunfo de los mártires. 1984 es el año bicentenario del nacimiento de la cristiandad en Corea. El 16 de mayo en Seúl, capital de Corea con sus seis millones de habitantes. Seis meses más tarde, el 18 de noviembre, Juan Pablo II concelebra en la Basílica Vaticana de Roma bajo la cúpula monumental de Miguel Ángel. Le acompaña el Cardenal Arzobispo de Seúl, los obispos de las nueve diócesis del país y dieciséis sacerdotes venidos de Corea con más de mil doscientos laicos. En el altar de S. Pedro, símbolo de la confesión de la fe verdadera, van a celebrar la Santa Misa, rodeados de obispos, sacerdotes y trescientos laicos franceses.

 

         El Papa introduce la ceremonia con una previa admonición que aviva la emoción de todos y les hace hornear en el amor. Lanza a los presentes y a todos los bautizados un pregón. "Vuestra vida de cristianos auténticos —les dice— haga resplandecer en el mundo de hoy el ejemplo heroico de los mártires de Corea". La liturgia mañana recoge esta invitación apremiante. "La gloriosa profesión de fe de tus Santos Mártires Pablo, Andrés y compañeros, Señor, nos alcance por su intercesión y a su ejemplo, perseverar hasta la muerte cumpliendo Tus mandatos" (orac. col.). "Te pedimos con humildad por el Pan del cielo con que nos alimentas permanecer unidos firmemente a Cristo" (orac. com.).

 

BIBLIOGRAFÍA

 

C. Dallet, Historia de la Iglesia en Corea, París 1874.

 

E. Fourer, Mártires y Misioneros de Corea, Nancy 1985.

 

 

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jueves, 11 de septiembre de 2014

TRIPLE MISIÓN de la UCSS: Formar personas libres, responsables y competentes que respondan a las exigencias de la realidad para promover el bien común.

El Viernes 5 de septiembre, a las 5 p.m., la Dra. Giuliana Contini, nuestra Decana FCEH UCSS - Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades se reunió con el grupo de profesores de Educación y nos compartió sus sueños con pasión y con realismo. Perú necesita educadores que arriesguen por los jóvenes. Se nos entregó este guión que me parece fundamental para nuestra tarea educativa universitaria. Está bien promulgar leyes, organizar estructuras, pero la educación se fragua en el día a día, en la brecha de la prosa diaria. Nos corresponde ahorita poner alma, corazón y vida para convertirlo en un poema heroico.

 

Formar personas libres, responsables y competentes que respondan a las exigencias  de la realidad para promover el bien común.

MISIÓN UCSS

He aquí los tres ejes fundamentales de nuestra tarea educativa y, por ende, de la práctica pre-profesional.

Formar personas

La primera finalidad de ésta asignatura es que nuestros estudiantes, al contacto con la experiencia viva de la enseñanza y de su desafío, se sientan  interpelados en primera persona por las múltiples exigencias de los jóvenes y de los ambientes en que se encontrarán así que, acompañados inteligente y pacientemente por sus profesores, puedan:

  • Abrir su libertad a  la acogida de lo nuevo (personas y situaciones).
  • Aprovechar críticamente los conocimientos adquiridos a lo largo de los años de estudio.
  • Fortalecer el sentido de  responsabilidad en la concepción y el afronto de su trabajo.

Responder a la realidad

La capacidad de responder creativamente a las exigencias que las distintas situaciones presentarán, dependerá justamente de cuánto ésta formación haya sabido incidir en la personalidad y, por consecuencia, en la concepción del trabajo y de sus dimensiones.

Es un "yo" –un sujeto inteligente y responsable- el que está frente a la realidad y a sus desafíos y , por lo tanto, hay que entrenarlo no a la aplicación mecánica de lo aprendido sino a vivir de forma consciente  y apasionada, equipado con todo lo aprendido, el "hermoso riesgo de educar" [L.J. Cisneros]

Promover el bien común

El bien común, la utilidad de la comunidad y de los hombres es la finalidad auténtica de todo trabajo vivido conscientemente.

Es importante, por lo tanto, que nuestros practicantes lo tengan permanentemente presente como objetivo privilegiado, para no ceder a la tentación de dirigir la mirada sobre sus competencias y habilidades o sobre la evaluación, por parte de los docentes, de su trabajo  en cambio que en aquellos a quienes su labor está dirigida.

Tienen que aprender a darse más que a medirse: Sólo así podrán volverse auténticamente competentes,  responsables… y ¡realmente libres! 

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viernes, 5 de septiembre de 2014

LA PRESENCIA DE FRANCIA EN LOS MOMENTOS DECISIVOS DE VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE (1883-1966)

LA PRESENCIA DE FRANCIA EN LOS MOMENTOS DECISIVOS DE VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE

(1883-1966)

 

JOSÉ ANTONIO BENITO RODRÍGUEZ

 

 

Agradezco la oportunidad de poder hablar de tema tan entrañable en el Instituto Riva Agüero del que VAB fue Director y en la Sala donde se expone su retrato, frente el retrato del Inca Garcilaso "icono de la peruanidad" y acompañado de un francés excepcional en su vida, el P. Jorge Dintilhac, fundador de la PUC. De igual modo, gracias a los organizadores del evento y a don José Belaunde, hijo de VAB, que ha tenido la generosidad de leer mi artículo.

 

1.      LA PERUANIDAD, IDENTIDAD, MISIÓN, PROYECCIÓN

2.      EL P. HIPÓLITO DUHAMEL Y SU COLEGIO SAN VICENTE DE PAÚL EN AREQUIPA

3.      EL INFLUJO DEL PADRE JORGE DINTILHAC EN LA PUCP

4.      "EL AMBIENTE INTELECTUAL DE PARÍS"

5.      CARACTERÍSTICAS DEL SIGLO DE ORO FRANCÉS.

6.      SU CONVERSIÓN DE LA MANO DE AUTORES FRANCESES COMO PASCAL Y CONVERTIDOS RECIENTES

 

 

1.      LA PERUANIDAD, identidad, misión, proyección

 

Pocos peruanos como el universal Víctor Andrés supo adentrarse con tanta hondura en la entraña misma del País, la Patria, el Estado del Perú profundo, y al mismo tiempo fue el embajador cosmopolita del Perú. Él estudió "la peruanidad" con pasión. No sólo la definió ("conjunto de elementos o caracteres que hacen del Perú una Nación y un Estado") sino que supo  comprometerse científicamente con su problemática, llevando a la más alta cumbre diplomática, la ONU, la honrosa representación de Perú. La peruanidad de VAB tiene perfiles bien definidos. Si la peruanidad es la realización de la síntesis viviente que la integra "el destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia"  En el vibrante y lúcido epílogo de su obra cumbre, Peruanidad, escribirá que este concepto "supera al hispanismo puro y al indigenismo puro." Si el primero prescinde del factor espacio, el segundo lo hace del factor tiempo. Tanto uno como otro se integran en la peruanidad:

a) Telúricamente, por la influencia del paisaje o del medio físico

b) Biológicamente, por el cruce de sangre

c) Económicamente, por la necesidad de la producción que une en toda empresa a empleados y dirigentes

d) Políticamente, por la influencia del régimen republicano que ha suprimido las barreras de color en las esferas burocráticas y sociales

e) Religiosamente, por el catolicismo, cuya liturgia modela las mentes más altas como las más sencillas y primitivas.

La integración se produce en la costa y en la sierra y por lo mismo es falsa la oposición entre ellas. Hay elementos mestizos, mulatos e indígenas, en la costa. La sierra tuvo desde la Conquista grandes núcleos hispanos con los Cabildos más importantes...

En el Discurso pronunciado con motivo de celebrarse las bodas de plata de la Universidad Católica, en 1942, volverá a proclamar que la peruanidad es un hecho, una vivencia; es una e indivisible, íntegral. "Síntesis viviente de la tierra y de la raza aborigen, y de la raza y la cultura hispano-católica, la peruanidad exhibe con orgullo sus dos herencias y no acepta que se las disminuya ni se las tergiverse. La gloriosa sombra del incario se prolonga en el virreinato y es nuestra misión perpetuarla en la república".

Víctor Andrés siempre sumó, nunca restó. A fuer de ser realista, fue siempre optimista. "La peruanidad es una síntesis comenzada pero no concluida. El destino del Perú es continuar realizando esa síntesis. Ello da un sentido primaveral a nuestra historia".  Así entendida, la "peruanidad" es un proyecto de utopía indicativa: la postulación de una solidaridad en marcha, la convicción de un somos, un podemos y debemos ser. Su "Síntesis viviente" es una simbiosis de valores culturales y espirituales, lejanos y cercanos, con sus mitos, tradiciones y costumbres, que se remoza constantemente por su propio impulso vital y con un destino propio, personal.

La nostalgia sentida por la "Arequipa de mi infancia" no será obstáculo para mirar el mundo (visitó toda América y Europa) desde su atalaya mistiana. Del mismo modo que contempló la Arequipa de sus amores desde su perspectiva cosmopolita. Su dilatada trayectoria intelectual y vital la proyectará sabiamente en escritos y gestos cotidianos que llevaban siempre un mismo mensaje. Lo sintetizará magistralmente quien fuese patriarca de la historia republicana del Perú, Jorge Basadre: "Belaunde albergó la aptitud para las ideas generales que provenía de su preparación filosófica y la agudeza realista para aprehender los hechos concretos; la capacidad para entusiasmarse y el sentido analítico; el fervor místico que acabó por hacerlo volver a la religión católica y el gusto para extraer enseñanzas y estímulos de la lectura de los grandes libros y de la experiencia de la vida nacional e internacional; la nobleza de un espíritu que no supo de envidias o maldades y la privilegiada robustez de su salud física y mental"[1]. Con gran belleza y lirismo lo expresó su alumno más aventajado, César Pacheco Vélez: "La hermosa proeza de V.A.B. ha sido fundar su nostalgia, más aún que en el pasado, en el futuro de este país al que amó con inmensa ternura y la más noble pasión; forjar una ideal del Perú peregrinando a todas sus fuentes, nutriéndose con la savia de todas sus raíces, palpitando con el caudal de todas sus sangres"[2]. Como certeramente destaca Juan Luis Orrego "VAB escribió 25 libros y más de 500 artículos. Fue el más fecundo escritor de su generación –la del 900- ", escribió sus principales overas en su madurez y mientras que sus amigos García Calderón se exiliaron en Europa, VAB siguió en el Perú "bregando en el campo político e intelectual, siendo el portaestandarte de un catolicismo progresista, tributario de la Doctrina Social de la Iglesia" (Blog).

A pesar de su acentuada universalidad, su conocida vinculación con la hispanidad y toda la cultura española, su arraigada peruanidad, quiero destacar  la decisiva influencia de Francia, los franceses y lo francés en V.A. Belaunde, tanto que consideraba el francés como su segundo idioma, la literatura francesa alimentó su intelecto, y la filosofía de Descartes, Pascal marcaron rumbo en su pensamiento. En París celebró su segundo matrimonio y allí le nacieron alguno de sus hijos. Por encima de todo, como algo central en su vida, considera el catolicismo renaciente de Francia el que provocó su regreso a la Iglesia. De particular interés  me he encontrado con textos decisivos en su Trayectoria y Destino. Memorias Completas, 1967, (Ediventas, Lima, 1967, T.I, 448 pp., T.II 450-1122 pp.).

 

2.      EL P. HIPÓLITO DUHAMEL Y SU COLEGIO SAN VICENTE DE PAÚL EN AREQUIPA

             

    En la etapa virreinal de Arequipa destacaron los colegios Santiago, de los Jesuitas, a iniciativa del vecino Diego Hernández de Hidalgo en 1578, san Francisco, de los Franciscanos, la Inmaculada, de los Mercedarios, y el Seminario San Jerónimo. De éste último -reformado por el obispo Chávez de la Rosa- saldrían figuras excepcionales como Luna Pizarro, Mariano Melgar, González Vigil, Mariano José de Arce, Benito Lazo y otros prohombres de la aurora de la República. Más adelante, a mediados de siglo, distintas órdenes y congregaciones fundaron colegios de varones y señoritas; entre los primeros, destacan el transformado de La Inmaculada en San Pedro Pascual de los Mercedarios (1898), San José (1898), Don Bosco (1905), La Salle (1931); de mujeres: Nuestra Señora del Rosario (1874), Sagrados Corazones (1887), Sagrado Corazón (Sophianum, 1900), Esclavas (1924), la Asunción (1928).

 

    Dentro de la tradición educativa de la Blanca Ciudad, ocupa un puesto de honor el Colegio San Vicente de Paúl, bajo la batuta del célebre educador P. Hipólito Duhamel, celoso misionero francés de la congregación vicentina que, tras varios años de misión en China, se instala en Arequipa en 1880, situando la educación en un nivel de vanguardia por su entrega total, la renovación de material didáctico y de la metodología. Además de fundar y dirigir su célebre colegio-seminario, será rector del Seminario de San Jerónimo de Arequipa desde 1899 a 1905. Leamos su propio testimonio, a través de la memoria del colegio del año 1897:

 

"Después de las terribles pruebas y desastres de la última guerra, era convicción general de los verdaderos patriotas, de que para salvar la patria y prepararla a reconquistar su prestigio y perdida gloria, se debía empezar por inculcar en las masas y sobre todo en la juventud los principios de la sana moral y acendrado patriotismo. Pero como ese trabajo de regeneración nunca puede ser sólido y eficaz, sino teniendo por base la Religión; de aquí todos volvieran sus ojos hacia el clero, a su acción e influencia. Colegio gratuito destinado a cultivar las vocaciones eclesiásticas entre los niños pobres que manifestasen aptitudes e inclinación hacia la elevada dignidad del sacerdocio... De los 200 alumnos. En los estudiantes de Teología y Derecho Canónico, del Seminario mayor, en 9 años hay 6 nuevos sacerdotes... Todos los jóvenes que han ingresado a esta sección se han distinguido notablemente, no solo por su contracción al estudio y una extraordinaria del saber, sino por su amor acendrado a la virtud y sus grandes esfuerzos por adquirirla y hacerse dignos de su nobilísima vocación. De esos ordenandos 20 han sido ya ungidos con el óleo santo del sacerdocio y dentro de pocos meses lo serán también otros cuatro"

                    Se habla también de la profunda reforma pedagógica acometida con la compra de material didáctico completo de Europa. Se trataba de un gabinete de física muy completo, laboratorio de Química, juego completo de cuadros de Historia Natural, 150 muestras de Dibujo natural en plancha y en relieve junto con muestras de acuarela y Dibujo lineal.[3] Uno de los más distinguidos alumnos –Emilio Lissón- fue recibido en el colegio-seminario en septiembre de 1884[4], donde se dedica al estudio y conocimiento de los ministerios de la Congregación de la Misión con esmero. El entonces seminarista Lissón se entrega servicialmente a las actividades iniciadas por su hermano de comunidad, el padre Hipólito Duhamel Es así discípulo de este y del padre José Domingo César, llegado a Arequipa en calidad de Capellán del Orfelinato el 16 de diciembre de 1877. Responde al profundo llamado de servir a los pobres en medio de la Congregación de los Lazaristas, Vicentinos, Paúles o Padres de la Misión. Enviado a París, ingresa en la Congregación el 18 de mayo de 1892. El 25 de marzo –fiesta de la Anunciación de Maria- de 1894 emite los votos, prosiguiendo sus estudios teológicos en Paris, donde tiene como profesor al célebre P. Pouget, eminente teólogo y profesor de Ciencias Naturales. Ordenado sacerdote el 8 de junio de 1895 en París, en la casa Madre de la Congregación de la Misión. Conviene resaltar que tuvo el privilegio –mediante rescripto de la Santa Sede-de alcanzar el presbiterado un año antes de la edad canónica de 24 años. Este mismo año, reclamado por él celebre P. Duhamel, regresa a Arequipa donde se convierte en su brazo derecho en los colegios seminarios de la Ciudad Blanca. Allí pasará 14 años, hasta 1909, distribuyendo su tiempo entre el estudio, las clases y los ministerios sacerdotales.

Como alumno destacado estará Víctor Andrés Belaunde en 1896. Otros estudiantes, alumnos de Lissón, serán Clodoaldo Ávila, A gusto y Carlos L. De Romaña, Augusto Belaunde, Octavio Belaunde, Arturo L. De Romana, Mateo Cossío. Parece que maestro y discípulo mantuvieron una cordial amistad a lo largo de sus vidas como se desprende de la correspondencia epistolar conservada. En una escueta nota en la que, desde Valencia, Monseñor le felicita a Víctor Andrés, en la ONU, con un "Bravo, su profesión fe", anota Belaunde: "Agradecido mi maestro"[5].

Por las Actas del Colegio de San Vicente de Paúl. Actas de Exámenes l (9 de noviembre de 1896, curso 2º) hoy en el Colegio de la Independencia  figura Emilio Lissón como Profesor en 1896, junto a Carlos Arévalo, José I. Cáceres, Pablo Carpio. Figura como alumno V. A. Belaunde quien obtiene las siguientes calificaciones: Gramática Latina 2: 19, Gramática Castellana 19, Historia Antigua (Roma) 20, Geografía 20, Aritmética Demostrada (Geometría) 19, 2/3, Aritmética Comercial 1: 19, 2/3; Frances-1: 20, Álgebra 1: 20. Además de los estudios científicos hace varios cursos de Jurisprudencia. Estuvo especialmente dotado para los idiomas, dominando el francés, inglés, latín e italiano y defendiéndose en el griego.

Cuenta VAB: "Encontré un centro propicio para mi educación en el Colegio que fundó el Reverendo Padre Lazarista HD. Extraordinaria figura de este misionero. Nacido en Bretaña, educado en la disciplina de los Semanarios bajo la inspiración de San Vicente de Paúl, fue destinado a propagar el Evangelio en la China, acompañando al Padre Gabriel Preboir que habría de ser martirizado por los chinos. El Padre Duhamel logró escapar de la persecución, no sin recibir una lanzada en el cuello, que exhibía con modestia y como testimonio de su fe. Era de temple heroico, de honda cultura teológica y excelente profesor de matemáticas. Orgulloso de su patria, conocía su historia y amaba su literatura. Tenía también una profunda simpatía y comprensión por todo lo hispánico y supo inspirar a sus alumnos el culto de la literatura clásica española. Profundamente virtuoso, casi místico, impresionado por su devoción y su ejemplar caridad. Al llegar a Arequipa pensó que Dios le había asignado un nuevo campo misionero. Se dio cuenta de los problemas creados por la escasez de clero y, animado del mismo espíritu de San Vicente, se propuso crear un verdadero Seminario que hiciera una labor más efectiva que la realizaba el entonces decadente Seminario diocesano. ¿Cómo realizar esa empresa? Difícil eran las vocaciones en la clase acomodada. Había que dirigirse, como Francia, a las familias de aldeanos, que habían conservado una fe más pura y la tradición de ofrecer al Señor los mejores de sus hijos. Tal empresa exigía un local apropiado y una renta suficiente. El primero lo dieron las Madres de la Caridad de las cuales eran capellanes los P. Lazaristas, en una sección del viejo claustro jesuítico que daba a la calle de San Juan de Dios, frente al hospital y a la Iglesia de ese nombre….el año 1895 en mejor disposición de espíritu, torné al Colegio del P. Duhamel, encontrando soportable y aun atrayente el internado. Era nuestro inspector y maestro preferido el P. Lissón, sacerdote ejemplar, humilde, estudioso y con un celo paternal por sus alumnos. A las cinco y media de la mañana entraba el P. Duhamel con la lámpara en la mano, para despertarnos con el mote bíblico "Benedicamus Domino". Todos deberíamos responder "Deo gracias". Salíamos luego a lavarnos tiritando de frío en el invierno y a la luz de las estrellas. A las seis de la mañana todos estábamos en la Capilla. El P. Duhamel dominando su acento francés, nos hacía, con fervor apostólico, la meditación mañanera. Y luego recitábamos la hermosísima letanía del nombre de Jesús, que hasta ahora conservo en la memoria, como el eco nostálgico de esos días: "Jesús esplendor del Padre, Jesús brillo de la eterna luz"…Concluida la meditación teníamos media hora de estudio de latín, y a la siete de la mañana volvíamos a la Mis cotidiana. La seguíamos en el Ordinario, que nos acostumbró desde esa época a la sublime poesía de las preces litúrgicas. Consideramos un honor ayudar la misa del P. Duhamel, en el sencillo altar de la Virgen de Lourdes que tenía a su diestra la imagen de San José y a la siniestra, la de San Vicente de Paúl. Una mezcla de temor y de veneración nos producía la actitud estática del P. Duhamel durante el sacrificio. Tenía para nosotros el prestigio y la autoridad de un santo. …El P. Duhamel introdujo nuevos métodos en la enseñanza, desconocido hasta entonces en Arequipa. En materia de historia, por ejemplo, daba mucha importancia a las representaciones gráficas, a los cuadros evocativos y a las narraciones suplementarias…

 P. Duhamel se empeñaba en que conociéramos bien el francés Al principio las clases las daba él mismo y más tarde sus discípulos que habían recibido la última formación teológica en la Casa Madre de París. Leíamos los trozos escogidos de Bossuet y de Chataubriand y algunos Pensamientos de Pascual y recitábamos poesías de Delavigne. Representamos en francés escenas de Atala. Nuestro oído se familiarizó con la dulzura del francés. Aplaudíamos entusiastas los discursos de los PP. Visitadores que nos hablaban en su idioma. Mi amor a la literatura francesa data del Colegio y mi autor preferido, desde esa época, era Chateaubriand y en los trozos selectos de "El genio del Cristianismo… En mi formación espiritual no hay aspecto en que no pueda contar la influencia decisiva de la educación de mi colegio: sentimiento religioso, disciplina de trabajo, rigor lógico, precisión matemática, afición a la literatura latina y francesa, acendrado cultivo de la española, ritmo litúrgico y sentimiento del paisaje".  Pp.179-188

3. EL INFLUJO DEL PADRE JORGE DINTILHAC EN LA PUCP

"De labios de un misionero francés recibí lecciones y ejemplos inolvidables de amor a Dios. Mi conversión fue favorecida y alentada por el ambiente católico renaciente en Francia. Al volver al Perú encontraría mi hogar intelectual en el claustro animado por el fervor de caridad y de saber de otro misionero francés, el P. Jorge, fundador de la Universidad Católica de Lima".

Con el contexto sociocultural, es fundamental presentar la orden religiosa que nutrió, formó y secundó en todo momento al fundador de la PUCP. El acto fundacional de la Congregación se suele situar en la noche de Navidad de 1800, cuando Pedro Coudrín y Enriqueta  Aymer profesaron sus votos como Celadores del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en cuyo servicio anhelaban vivir y morir[6]. Al igual que otras congregaciones como los Maristas o Redentoristas, nacieron al calor de la restauración católica tras el acoso sufrido por la Revolución Francesa. El carisma y fundamento de la congregación de los Sagrados Corazones se basa en "la consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María", la cual llama a sus miembros "a vivir el dinamismo del amor salvador" y los llena de celo por su misión (art. 2, Constituciones SS.CC.); ésta se sintetiza en su compromiso de contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios encarnado en Jesús, de modo particular a través del servicio en favor de los más necesitados y de la adoración eucarística. En algunos países, la Congregación es conocida también con el nombre de "Picpus", dado que poco después de su fundación, la casa central se instaló en la calle de Picpus, en París. Allí está actualmente la Casa provincial de las Hermanas de Francia y una comunidad de Hermanos. La Congregación es una comunidad formada de Hermanos y de Hermanas, presentes en unos 30 países. Los religiosos y las religiosas son en total cerca de 1500. En la familia SS.CC. hay también una Rama Secular asociada a la Congregación. Uno de los miembros más conocidos de nuestra familia SS.CC. es el Beato Damián de Veuster, apóstol de los leprosos en la isla de Molokai (Hawai). Los primeros votos de los Fundadores de la Congregación fueron emitidos el  17 de noviembre 1817 y la aprobación de la Congregación por la Santa Sede  será 1 de septiembre de 1819. La apertura del Primer Capítulo General (París) el 7 de julio de 1827. La llegada de la Congregación a Honolulu (Hawai) 13 de mayo de 1834. La llegada a Valparaíso (Chile) el 23 de noviembre del mismo año. El fin de esta primera etapa fundacional se cerraría con la muerte de Henriette Aymer de la Chevalerie  el 27 de marzo de 1837 y la muerte de Pierre Coudrin 10 de mayo de 1837. La congregación se expande por el mundo y llega a Oceanía, recalando en 1834 en Valparaíso; será en 1837 cuando el P. Juan Crisóstomo Liausú funda el primer colegio en Hispanoamérica. Descuella entre los misioneros corazonistas, el santo P. Damián de Veuster, quien desembarca en la isla de Molokai  el 15 de abril de 1889 y muere allí de lepra tras años de abnegado apostolado. Hacia 1894, el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso resolvió iniciar un Curso de Leyes, precedente de la primera Escuela de Derecho que funcionara en Chile fuera de Santiago. Los directores del Curso fueron todos al principio padres de la Congregación de los Sagrados Corazones como asimismo algunos de sus profesores. Se trataba de una experiencia universitaria novedosa y una vía de primera calidad para la evangelización no sólo a nivel de colegios, sino también a nivel de cursos universitarios.

La Congregación en el Perú data el año 1848 con la llegada de las Hermanas y la fundación en 1851 del Colegio SS.CC. Belén En 1878 tuvo lugar la fundación del Colegio SS.CC. en Arequipa Cabe destacar el protagonismo de una de las religiosas, Sor Hermasia Paget (1828-1890) como colaboradora del almirante Abel Bergasse du Petit Thouars en la defensa de Lima frente a Chile con motivo de la Guerra del Pacífico en 1881. En1885 se establece la Primera Comunidad de Padres y en 1886 se inaugura el Templo SS.CC.de la Recoleta En 1893 acometieron la fundación del Colegio SS.CC. Recoleta, en 1915 se crea la Parroquia SS.CC. Recoleta y, por fin, en 1917, se pone en marcha la Universidad Católica del Perú. Parece que la chispa vino del padre Florentino Prat, quien, con la experiencia del Curso de Leyes que sus compañeros de hábito tenían establecido en Valparaíso, concibió la idea de inaugurar uno equivalente en la capital del Perú. En junio de 1916 visitó Lima el padre provincial que era el padre Vicente Monge, director, precisamente, del Curso de Leyes de Valparaíso, visita que permitió que quedara firmemente aprobado el plan de instalar en Lima un establecimiento académico similar, para lo que, al igual que en Valparaíso, se utilizarían algunas salas disponibles en el local del Colegio de la Recoleta. El plan original era modesto y se encargó al padre Jorge Dintilhac llevarlo adelante, por ser el único miembro de la comunidad limeña con el grado de doctor en Teología que había obtenido en la Universidad de San Marcos de la capital peruana. El gobierno peruano dio su aprobación inicial al nuevo Curso, pero cedió al Consejo Universitario de la Universidad de San Marcos la opción de pronunciarse sobre la validez oficial de los exámenes de la naciente academia, lo que significó un duro revés a la iniciativa por la animadversión con que muchos catedráticos de la Universidad de San Marcos miraban este proyecto. Esto hizo que el padre Dintilhac decidiera cambiar el proyecto inicial y optar por la decidida fundación de una universidad católica. De esta manera, la iniciativa que los padres franceses en Valparaíso junto con un grupo de laicos comprometidos con su fe habían llevado adelante con el Curso de Leyes, fue el punto de partida de la actual Universidad Católica de Lima que, desde esos años ha ido desarrollándose hasta transformarse en la actualidad en la mejor universidad peruana, dotada por la Santa Sede, al igual que la Universidad Católica de Valparaíso, con el título de Pontificia.

UN BRETÓN PLANTADO EN PERÚ El P. Jorge nació en Provins, departamento de Seine et Marne, cerca de París, el 13 de noviembre de 1872, dentro de una familia tradicional francesa. Fueron sus padres Juan Luis Dintilhac, modesto empleado de correos y doña María Moliére, ambos provenientes de la Rouergue, en el sur de Francia. En el bautismo recibió los nombres de Luis Eugenio. Sus primeros estudios y los de secundaria los cursó en el Colegio de  Graves (Villefranche de Rouergue) regentado por los padres de los Sagrados Corazones. Concluidos éstos, el 17 de octubre de 1895, ingresó al noviciado de la congregación de los Sagrados Corazones que por ese entonces estaba en Beire (Navarra) en España.  El 19 de marzo 1897 emitió sus primeros votos en la casa de Miranda de Ebro, de donde salió semanas más tarde hacia Valparaíso en Chile.  Aquí, desde agosto de1897 hasta 1902, estudia Filosofía y Teología. Destinado a la  Casa de Lima (Perú), desembarca en el Puerto del Callao un 14 de marzo. A los 45 días,  el 1 de mayo de 1902 vivirá uno de los días más plenos de su vida, es ordenado sacerdote por el Prelado de la arquidiócesis Monseñor Manuel Tovar.

Víctor Andrés Belaunde, que lo conoció tan de cerca y que le sucedió como rector interino a su muerte, sintetizó el perfil del Fundador de la PUCP el día de su entierro 15 de abril de 1947, en tres palabras santo, animador, padre:

La Providencia buscó en la paz del claustro un humilde sacerdote, poseedor de la técnica educativa y de la añeja y rica savia de la cultura de su patria, la dulce Francia inmortal, y del espíritu misionero de sus santos Francisco de Sales, Juan Bautista de la Salle y Vicente de Paúl. Tenía un arma más eficaz que la humana elocuencia y el efímero prestigio político: la santidad. Y a fuer de santo era intuitivo; porque la santidad es amor y las grandes intuiciones son el resultado el galardón del amor. Vio la urgente necesidad para salvar la Patria y la cultura de recristianizar las orientaciones superiores del Perú, volviendo a la filosofía que creo nuestra civilización, uniendo el derecho a la moral y a la religión y oponiendo al economicismo egoísta la justicia social palpitante de caridad y, a las amenazas del absolutismo totalitario, los derechos imprescriptibles de la personalidad del hombre. El modesto religioso de los Sagrados Corazones soñó entonces con crear ese milagro institucional que se llama universidad.

El mismo V.A. Belaunde en sus "Memorias" dirá de él que fue "el glorioso intuitivo del renacimiento de los estudios superiores en el Perú bajo la sombra de la fe cristiana. Nos dejaba el milagro de la institución que no tuvo en sus orígenes más capital que su fe y su labor de misionero intelectual" [7]

Hoy, en la entrañable plaza Francia, gravitan recuerdos de la Recoleta dominicana con la santa memoria de Juan Macías y Martín de Porres, los queridos Padres de los Sagrados Corazones que siguen regentando la emblemática capilla neogótica y el dinámico centro de pastoral juvenil "Damián".  En frente, el fondo editorial de la PUCP. Y, presidiéndolo todo, la serena y vivificante imagen de bronce del P. Jorge.

 

4.      "EL AMBIENTE INTELECTUAL DE PARÍS"

Como testimonio de su visita a Francia en 1917 nos lega Belaunde un capítulo de gran interés en sus memorias, "el ambiente intelectual de París", en el que nos da cuenta de "la numerosa colonia peruana en París" entre los que se encuentra su hermano Rafael, los hermanos García Calderón, José Carlos Bernales.

Reside en el Hotel Columbia, Av. Kleber, cerca del departamento de los Canaval. Era visitado por Manuel Vicente Villarán, su primo Francisco Elguera Díez Canseco, Gonzalo de Zaldumbide, ecuatoriano, el García Calderón y Riva Agüero, con quien visita Reims y Chartres. También está su hermano Rafael

"No fue París para nosotros una residencia mundana sino un centro austero de trabajo o estudio en que alternaban las visitas a la Universidad de París, al Instituto Católico o al Colegio de Francia. Era numerosa la colonia peruana en París. Funcionarios que habían renunciado por dignidad o desterrados que se juntaban al calor de una vieja amistad y en la solidaridad de una misma situación y de idéntico destino.

Destaca el gran afecto por  su hermano Rafael

Los hermanos García Calderón

José Carlos Bernales.

Se reunían todos los miércoles en un restaurante donde apreciaban los mejores aspectos de la cocina francesa.

"Concurrían a estos almuerzos Enrique Barreda, brillante crítico de arte y excelente pintor; Emilio y Clemente Althaus, hidalgos en la vida y en el pensamiento, vueltos a la vida de París, en donde habían pasado su adolescencia y primera juventud…Incorporamos muchas veces a nuestros coloquios a Mariano Brull, que se había prácticamente identificado con la sociedad de Lima, donde él y su esposa, así como sus suegros, los Baralt, habían llegado a ganarse la admiración y la simpatía generales….En París nació el menor de los Belaunde Terry, Juan .Fernando era ya un muchacho despierto, inteligente y alegre. Su padre le había comprado una bicicleta y pronto conoció todo París con ella; le gustaba hacer de correo trayéndonos recados de sus padres".

Conoce a Bergson, a Teilhard de Chardin, Brunswick. En el Instituto Católico frecuenté las clases de Maritain y del Padre Gillet. Me interesó mucho en este tiempo la polémica abierta sobre Mauricio Blondel, atacado por Maritain y defendido por los redactores de "Cuaderno del Nuevo Día". Era lector muy asiduo de "Nouvelles Literaires", y, con ciertas reservas mentales y discrepancias, muchas veces de la "Acción Francesa".  Maurras estaba en el ápice de su prestigio por su fuerza polémica y su sentido fuertemente nacionalista…Flotaba también en el ambiente admiración por Maurice Barrés…Anatole France había sido uno de los ídolos de mi juventud….

Una tarde, buscando una entrada para la recepción en el Instituto del Abate Brémond, insigne apologista de Fenelón y de Newman y famoso autor de la "Historia del sentimiento religioso en Francia", tuve la suerte de encontrarme con el abate Jousse quien recordaba con emoción las clases de Bergson, cuya obra, en su concepto, había influido en tantos jóvenes para la vuelta a la fe y estimaba injusta la actitud de Maritain respecto de su antiguo maestro.

Maestros como Archile Maistre, Monseñor Batiffol, el más notable discípulo de Monseñor Duchesne

Sermones del Padre Janson

P. Pinard de la Boullay, historiador de las religiones, P. Lebreton, Pratt, Huby, P. Grandsmaison

"Mi viejo amor a Pascal, que había inspirado un curso mío en San Marcos y conferencias en Buenos Aires y en México, me llevó naturalmente a la Sociedad Amigos de Pascal. Asistí puntualmente a sus reuniones y conferencias. Era el alma de esta sociedad el Abate de la Velet, sobrino de Maine de Biran, quien acababa de publicar  el interesante diario del gran filósofo. Organizaba con verdadero fervor las excursiones a Port Royal. En una de esas excursiones me cupo conocer a Ruszkowski, cuyas obras sobre Pascal y San Francisco de Sales leí con provecho. Recuerdo que una de esas conferencias de los Amigos de Pascal fue dada por Paul Bourget, el autor de "El Discípulo", libro que, con "El Siglo XVIII" de Fagel, marcó un nuevo rumbo intelectual. Estos trabajos y conferencias y, más que ellos, las ediciones de Brunswick y de Víctor Grouad, me revelaron al verdadero Pascal, no sólo al inquieto sino al creyente en plenitud de alegría" p.734

 

Comparte con Gabriela Mistral un puesto como Jefe del Archivo del Instituto de Educción Internacional en el Palais Royal, antigua residencia de los Duques de Montpensier.

Nace su hijo Andrés Benito Francisco, primogénito de Teresa, que es bautizado por el P. Jousse. Sin dejar la institución le proponen como encargado del Departamento Latino-Americano de la Universidad Panamericana en Miami. Dará conferencias sobre Bolívar en La Sorbona hacia 1925. En el 27 nace el segundo hijo, Antonio

 

En 1927 se aloja en un departamento de la calle Dufresnon, entre la Av. Víctor Hugo y el parque de Boulogne, cerca de la estatua de Lamartine. Se incorpora al Instituto de Cooperación Intelectual, escribe La Realidad Nacional; colabora con él el periodista Juan de Almunia.

Amistad con José Carlos Bernales. Mueven campaña para favorecer la caída de Leguía. Tras 11 años de destierro el nuevo gobierno ofrece diferentes cargos a Bernales, Luis Fernán Cisneros, los Hermanos García Calderón, Felipe Barreda, Argentina. En Hendaya se encuentran con los Álvarez Calderón y Carmen Ortiz de Zevallos.

 

En la Universidad Católica da curso de historia de las religiones. Lee a Sertillanes y Maritain. "Dediqué algunas tardes a San Francisco de Sales, que me acompañó en la etapa de mi conversión y a san Vicente de Paul, que me traía recuerdos de la vida del colegio. Volví a Pascal, más que al pensador y al filósofo, al escritor apologético  al hombre de la alegría de la fe. Había nutrido mi destierro de París con la lectura de las "Meditaciones sobre el Evangelio" de Bossuet. Indiqué las misteriosas coincidencias entre Pascal y Bossuet, sobre todo en el tema supremo de la muerte y presenté entusiasta su concepción de la universalidad de la Iglesia en el siglo XIX. Utilicé los mejores sermones, la defensa de su vida y las hermosas páginas de la Gramática del Sentimiento.

Había seguido en Francia el renacimiento católico en sus dos aspectos neotomistas y neoagustiniano. Ese recuerdo me llevó a la conclusión esperanzada de la fecundidad del renacimiento espiritualista en el mundo.

Pascal y Espinoza (Perú Vivo, Lima, Juan Mejía Baca, 1966, 73 pp., agosto 1966

 

En "Síntesis viviente"  escribe el artículo "la cultura hispánica"· presentando los aspectos creadores y originales de la cultura hispánica en el siglo de oro, señalando el papal fundamental que tuvo el sentimiento religioso, asignando a "este siglo de la historia de España (creación del barroco), así como al siglo XVII francés (cristianización definitiva del Renacimiento), el carácter de una etapa fundamental en la evolución de la cultura occidental semejante pro sus trascendencia a la que personificó San Agustín en el siglo V y a la síntesis del siglo XIII" p.4

 

 

 

5. CARACTERÍSTICAS DEL SIGLO DE ORO FRANCÉS.

"Hay otra manifestación culminante de la cultura católica en su época otoñal: el siglo de oro francés. El sustantivo libro de Paul Hazard "La crisis de la conciencia europea", confirma la tesis de que la inspiración o la forma cristiana detuvo y modificó las corrientes renacentistas que en Francia llevaban un rumbo de naturalismo acentuado y crudo, como lo revelan Rabelais y los llamados libertinos. La situación en Francia, empero, es distinta de la de España. Fue aquélla campo de luchas religiosas y de la más acentuada influencia renacentista. El protestantismo tuvo en el jansenismo como una punta de lanza. La filosofía no se orientó a la restauración de la escolástica, porque Descartes desintegra la síntesis viviente del hombre, abriendo un abismo entre el alma y el cuerpo, entre el espíritu y la extensión. Platón no es reconciliado con Aristóteles, Extremando al primero, Malebranche afirmará la visión de las cosas en Dios; y de otro lado, el mecanismo cartesiano preparará el camino del materialismo. A pesar de todo, la forma cristiana ha de vencer plasmándose en los moldes clásicos y surgirá vigorosa, clara y brillante, otra fuerte expresión de la espiritualidad cristiana. En esta oportunidad cabe señalar la influencia que España tuvo en la Edad de Oro francesa. El más dulce de sus místicos, San Francisco de Sales, confiesa ser un discípulo de Diego de Estella y de Santa Teresa de Jesús. El espíritu caballeresco español, encarnado en la vida de su héroe nacional, inspira a Corneille. Son por demás conocidas las fuentes hispánicas del teatro clásico francés. Observamos en Bossuet, como en nuestro Luis de Granada, la fidelidad a la estructura tomista y al mismo tiempo el aliento de la más elocuente inspiración agustiniana. Arece la pintura del siglo francés del aliento espiritualista de la pintura española. El barroco aparece en Francia, próximo al periodo de decadencia, en el rococó, en que pierde su esencia espiritual y adquiere un sin sentido cortesano y mundano. (La síntesis viviente, 41-42)

 

"Contraste espiritual entre Francia e Inglaterra"  Con su análisis nos ayuda a conocer mejor la fisonomía espiritual de Francia

"La Revolución francesa, en contraste, fue preparada por una orientación filosófica, no sólo arreligiosa, sino antirreligiosa; deísta en unos sectores, y francamente atea en otros, impregnada de la moral hedonista o sensualista y con una marcada tendencia anticristiana.

La RF no sólo supuso un cambio político, sino la división de Francia en dos sectores, con orientaciones espirituales opuestas. Este abismo, más que la sangre derramada a que aludía De Maistre, fue el que separó desde entonces a las dos Francias: la tradicional y cristiana y la paganizante y materialista. Bonaparte, con intuición genial, quiso colmar este abismo, restableció el culto proscrito y firmó el Concordato; empeño que perduraría, con las diferencias impuestas por las circunstancias, en la Restauración, en la Monarquía de julio y en el segundo imperio.

Sin embargo, las fuerzas escindentes eran tan hondas que se mantuvieron vivas y reaparecieron en la tercera República. No pudo ser ésta conservadora, como la soñó Thiers, por la tendencia radical de los republicanos y el error de las derechas de no adaptarse a los cambios inevitables. Triunfó la República radial con su empeño de descristianizar Francia, poniendo al servicio de esta obra la influencia burocrática y, sobre todo, la educación pública. Francia vivió escindida, frente a la Alemania unida en el culto pagano del Imperio y en la idolatría estatista que soñaba con el dominio del mundo. La guerra de 1914 y la admirada actitud del clero y de los católicos franceses parecían haber realizado el milagro de restaurar la unidad espiritual en un ambiente de recíproca tolerancia y de exaltación patriótica. …Francia no podrá recuperar su posición de primera potencia en el continente europeo si no se borra la abismática división que la llevó al desastre. Si en Francia no triunfa el programa socialcristiano, vendrá el predominio comunista, pavoroso anuncio de la hegemonía roja en todo el continente europeo.

Una vez más los destinos de Francia aparecen indisolublemente unidos a los destinos de la cultura occidental (p.77)

 

 

6.         SU CONVERSIÓN de la mano de autores franceses como Pascal y convertidos recientes

Vamos a detenernos en este momento cumbre de su vida y que ha sido resaltado en el reciente libro de Pedro Planas El pensamiento Social de V.A. Belaúnde (IESC, Lima 1997). Lo relata él mismo en su artículo "Mi conversión al catolicismo":

"Se vuelve siempre a los primeros amores" dice un adagio francés. En la quieta y hogareña vida provinciana de los Estados Unidos o en el París sin tentaciones de inútil mundanismo reanudé, por gravitación natural de mi espíritu, mis viejos soliloquios metafísicos. De la divinidad de Cristo, a la que me llevaron misteriosamente combinadas las lecturas de Pascal y de Renán, pasé a la gozosa contemplación y a la plena vivencia de la Fe en la Iglesia Católica. Mi conversión debía determinar una nueva orientación en mis lecturas y meditaciones en el tiempo libre que me dejaban los cursos y conferencias. Se imponía reanudar las remotas preocupaciones de mi infancia sobre los fundamentos de mi ve. En realidad, la vuelta a ella me brindaba un campo inmenso, intuido o entrevisto en mi adolescencia y comienzos de la juventud, y que ahora se presentaba con la atracción de inmensas perspectivas. Todo convertido tiene la fundada ilusión de encontrar en cada teoría, hecho o descubrimiento, una confirmación de su fe...Fue acentuándose en mí esta convicción: la doctrina agustiniano-tomista es el único baluarte contra el cientifismo estrecho y su lógica consecuencia, el empirismo lógico, obstinado negador de lo invisible, y contra el marxismo dialéctico que viene usurpando la Cristianismo el ideal de justicia que no se deriva de su física ni de su biológica materialista"."

Y lo reafirma y detalla en sus memorias: "sí puedo afirmar que, habiendo pasado del agnosticismo positivista a mi posición afirmativa de lo absoluto por la influencia de Pascal, Spinoza y Kant, Renán contribuyó a mis aproximación al punto de vista de que Cristo era la manifestación suprema de Dios...Más que esta visión intelectual, me ponían en el camino de la fe, la angustia y las meditaciones pascalianas. Sólo Cristo encierra la clave del misterio de Dios y del misterio del hombre. Las palabras de Renán, admirador de Spinoza, afirmaban que Jesús era la más alta aproximación humana a la divinidad. ¿No era más lógico y consolador considerar a Jesús como el hombre que ha recibido la plenitud de Dios asumiendo la naturaleza humana? Estaba, pues, en el camino de aceptar la divinidad de Jesucristo. Confidencial y espontáneo, descubrí a mis amigos mi nueva posición de retorno no sólo a los valores espirituales sino al Dios personal, la Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, asintiendo al misterio de Jesús, Hombre y Dios[8]"

Rescato las atinadas palabras de Juan  Belaunde como pensador católico: "Cuando Belaunde planteó su polémica con Mariátegui no lo hizo como una defensa del liberalismo frente al marxismo, sino desde el punto de vista del catolicismo y con tendencias sociales progresistas. Por ello, con la aparición de La Realidad Nacional se inició el renacimiento del pensamiento católico peruano. Dicho en otras palabras: no se inspiró en el liberalismo laico sino en el fermento dinámico y social que vive al interior del cristianismo, planteando así los fundamentos de una nueva actitud para los católicos inteligentes en una "ofensiva" de carácter social-progresista por transformar el país. Belaunde, a diferencia de los intelectuales del 900 y de los del Centenario, rescató el horizonte religioso y espiritual en la formación histórica y cultural del Perú. Es el impulso religioso el que cohesiona a la sociedad y a la cultura. Por ello, Belaunde coloca, sobre muchos otros temas, a la fe católica como principal motor en la formación del Perú y de la conciencia nacional desde el siglo XVI. En este sentido, a lo largo de muchos de sus textos, hace un recuento de la labor evangelizadora y de la defensa de la dignidad humana que propagaron los misioneros a lo largo y ancho del territorio. Si bien reconoce las diferencias de enfoque entre las distintas órdenes religiosas que llegaron al Perú y de los problemas y excesos que hubo en la difícil tarea de la evangelización, Belaunde siempre trató de rescatar la crucial transformación social y cultural que generó este proceso. http://blog.pucp.edu.pe/item/135684/entrevista-sobre-victor-andres-belaunde

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[1] En VAB Obras completas II, pp. X-XV, Lima 1981

[2] PACHECO VÉLEZ, C. Ensayos de Simpatía. Sobre Ideas y Generaciones en el Perú del Siglo XX Universidad del Pacífico, Lima, 1993, p.290,

 

[3] Colegio de San Vicente de Paúl. Memoria del año escolar de 1897 por el P. Director, H. Duhamel, Arequipa, 1897, pp.5-8.

[4] Por aquellas fechas –30 de noviembre de 1884- el célebre educador mistiano Deán Valdivia, con 88 años bien cumplidos, celebra la última Misa y se despide de su "Catedral", muriendo el 12 de diciembre.

[5] Archivo Histórico del Instituto Riva Agüero, Sección de Víctor Andrés Belaunde. Cartas de Monseñor Emilio Lissón: Roma, 8 de septiembre de 1936; Roma 17 de marzo de 1937; Telegrama de 20 de septiembre de 1959.

[6] Los orígenes de la Congregación serían el 11 de agosto de 1767, fecha de nacimiento de Henriette Aymer de la Chevalerie, y el 1 de marzo de 1768, nacimiento de Pierre Coudrin.

[7] VA Belaunde "Trayectoria y Destino. Memorias completas" II, Ediventas, Lima, 1967, p.1069.

[8] Trayectoria y Destino Lima 1967, II, p.505

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